La khátarsis del cine mexicano

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Se dice que François Truffaut alguna vez expresó que toda persona tiene dos profesiones: la propia y crítico de cine. Es en esta época en la que cientos de miles de personas se vuelcan a dar su opinión en redes sociales que esta máxima ha tomado todavía un significado contundente. Sabiendo poco o nada sobre los elementos que componen un montaje cinematográfico, la gente considera que la forma lo es todo por encima del fondo: Del cine, lo que le importa a la mayoría de los que opinan en las redes es que éste sea vistoso en efectos especiales, que sea pirotécnico, que desborde superficialidad. Sacarlo de la sala cinematográfica y ponerlo en pantallas de autobuses, en proyecciones continuas en la televisión y, hasta, en teléfonos inteligentes; lo ha alejado cada vez más de su carácter de expresión artística, para quedar como un simple negocio de muchos millones de dólares invertidos y, algunos múltiplos de dichas cantidades, recuperados. Este es el entorno que sustenta lo que mucha gente opina y eso, su opinión, llega a ser más valiosa que la película comentan.

Afortunadamente, todavía quedan algunos necios, cada vez menos, que tienen décadas estudiando el desarrollo del montaje cinematográfico en las cintas que han pasado por la cartelera comercial, incluso de aquél que, salvo casos identificados con el siempre superficial quehacer de la televisión, ha sido despreciado en taquilla por su carácter de local, de mexicano. Entre esos necios sobresale la sempiterna figura del Maestro Jorge Ayala Blanco, quien ya rebasa las cuatro décadas de enseñanza en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) de la UNAM —con alumnos como Alfonso Cuarón—, además de sus acuciosos análisis semanales de la cinematografía internacional, incluso la de Hollywood y, desde luego, de la nacional. Además, desde luego, la investigación del fenómeno cinematográfico en México, como en el caso concreto de su más reciente obra, La khátarsis del cine mexicano (Universidad Nacional Autónoma de México, 2016), volumen en el que el Maestro disecciona, incluso, películas que hasta por su carácter de corto, mediometrajes o documentales, no dejan de significar la destacada labor de creadores que sí están identificados con el cine como obra artística, no sólo como entretenimiento. Tan sólo basten los nombres de Jorge Michel Grau y su efectivo thriller Chalán, Jacaranda Correa y su documental ganador Morir de píe, y de Michel Franco con su discurso anti-bullying, Después de Lucía; sólo para citar el mínimo de las más un centenar de obras analizadas en esta oportunidad.

La khátarsis del cine mexicano, obra fundamental para comprender el cine mexicano reciente, más allá de las opiniones

Larga vida al Maestro. Muerte a la «crítica de red social».




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