Parte de nuestra historia como ciudad viene de ahí: Michel Grau

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En conversación con Cine para llevar, el autor capitalino Jorge Michel Grau (Somos lo que hay, 2010) se acompaña del actor oscarebale Demián Bichir, para hacer un retrato simbólico de lo que era la Ciudad de México antes y durante los sismos del 19 de septiembre de 1985. En una reflexión más allá de lo cinematográfico, Michel Grau repasa el contexto histórico que lo influyó en la que tiende a ser una asfixiante crónica del terremoto visto desde dentro como víctima.

Parecía que nadie se quería «aventarse» a abordar este tema, hasta cierto punto tabú.

—Creo que, en México, es por lo que significa directamente y porque mucha gente lo vivió y está en carne viva. Digamos: se cumplen 31 años, y cuando platico con la gente, de la peli, todos tienen una anécdota, todos tienen una historia.

Pero creo que también hubo algo: México empezó a vivir ciertas crisis importantes de las que el cineasta y creador cinematográfico puso ahí la mirada y entonces desatendió el evento, como que lo dejó rezagado. Sin embargo, como estamos ahora, este país, con esta tragedia aplastando, más de 73 desaparecidos en 40 meses, se habla de un terremoto, de una tragedia que nos está pasando y que la sociedad civil, si no se organiza, no se coordina, no vamos a salir adelante y es un poco lo que sucedió en el 85.

Desafortunadamente, el recuerdo de quienes vivieron el sismo es como el de tu primer viaje en avión, como tu primer beso…

¿Dónde estabas?

—Es un parteaguas.

Estaba en el baño, porque nos estábamos preparando para la escuela. Yo tenía 12 años, pero la secundaria en la que estudiaba entrábamos a las ocho, no a las siete de la mañana. Entonces estábamos preparándonos, yo estaba en el baño de abajo. De repente empezó a temblar, subo las escaleras a donde mi papá estaba amarrándose las agujetas y dijo «Sólo es un temblor. Pónganse en el marco de la puerta» y mi hermano y yo sentimos que no pasó nada, porque vivíamos muy al sur de la ciudad. Cuando salimos fue cuando nos empezamos a dar cuenta de la magnitud de lo que había sucedido. Entonces, mi papá, que es arquitecto, estuvo en estos equipos, viendo edificios, viendo si se demolían o se arreglaban y llegaba «molido» diciendo «es que se construyeron con materiales de tercera.» Es el gran problema de la corrupción. Es el gran problema de los presupuestos, que tienen una gran incidencia en, no sé, 40 por cientos de los edificios que se derrumbaron en el 85.
Creo que es un momento importante para hablar de la tragedia, para vincularnos con esa tragedia y entender que estamos viviendo una cosa muy similar.

Miguel de la Madrid, el presidente en turno, negando la tragedia.

—Es el deporte nacional de este país: negar una realidad. Negar cifras: Todo está bien no pasa nada. La gente atrapada, sin protocolos de seguridad, el plan DN3 se pudo en marcha horas después, cuando tenía qué haber sido inmediato, tenía que haber entrado el Ejército a ayudar. Una reacción torpe. Creo que hay dos cosas que hace nuestro gobierno: negar cifras en automático y no asumir la responsabilidad, aunque ellos no sean responsables directamente, porque el terremoto es un evento natural, sí es de entender que ellos debían haber dado el primer paso y no la comunidad.

Y los medios… La televisión diciendo «Estamos bien. No se acerquen al Centro», al contrario es: «Vamos a ayudar. Vamos a organizarnos».

Miguel de la Madrid prohibe la entrada a la ayuda del extranjero hasta después de la réplica. Llegó demasiado tarde. Pudo salvar gente, pero se pudo haber ayudado a más. Sí hay una responsabilidad seria. Sí es un error.

Pero, además viene la reconformación de la ciudad, del perfil de la ciudad, en todos estos movimientos sociales que estuvieron a favor o en busca de los damnificados: ¿dónde iban a poner a toda la gente que perdió sus casas? Salinas de Gortari trae un plan, en esa época, de sacar a todos los damnificados y mandarlos a Tlaxcala. Era, de verdad, una política atroz y la respuesta (de la gente), pocos años después, es que sale el gobierno de la Ciudad de México, que opta por la oposición, por los líderes y organizaciones sociales que trabajaron a partir del 85 y que le dan el perfil a lo que hoy es la Ciudad de México, por eso era un evento que se tenía que contar y narrar hoy.

La gente que sobrevivió y ya vio la película.* ¿Qué te ha dicho?

—Hicimos una función privada para dos sobrevivientes del (edificio) Nuevo León: Para La Niña Milagro y para El Niño Terremoto, que nació —la primera— el 19 y fue rescatada cinco días después; y la historia de El Niño Terremoto trata sobre la madre que fallece en el derrumbe, pero está embarazada y, dentro de los escombros hacen como un tipo cesárea para rescatarlo. Ellos quedaron encantados.

Es una película que retrata muy bien lo que pasó, punto por punto, tiempo por tiempo, segundo a segundo va narrando lo que viven estas personas atrapadas, cómo se vinculan con el exterior y qué pasaba afuera mientras ellos estaban dentro. Yo estoy muy contento con el trabajo. Siempre, la autocrítica es fuerte. Y veo la película y digo «Lo pude haber resuelto de otra manera», pero técnicamente estaba muy complicada, fue un reto muy grande. Actualmente, tiene un nivel espléndido y estoy muy contento con el trabajo. Ojalá la gente vaya a las salas a verla, porque hicimos un diseño sonoro adecuado justo para que se sintiera atrapada.

¿Qué te gustaría que se llevaran las nuevas generaciones de todas esas situaciones que no comprenderían, como el simple hecho de no traer un teléfono en el bolsillo?

—Lo que me gustaría es que la gente se vincule con el hecho. Que entienda que de ahí venimos, parte de nuestra historia como Ciudad de México viene de ahí: Protección Civil, protocolos de construcción, el famosísimo «No corro. No grito. No empujo» (todos) vienen de ahí. Tenemos un pasado inmediato al que podemos acceder, que podemos investigar, que nos puede dar una identidad, un rostro, un perfil distinto.

Tampoco se trata de generar conciencia, no es una película planfletaria, es un entretenimiento que tiene cierto comentario social, tiene ciertas aristas que dependen del público cómo quieran tomarla.

A mí me gustaría que le dieran la oportunidad como de ver un evento histórico, que no es aburrido por serlo, está tejida, de cierta manera, para tener una narración fresca y que la gente pueda ir «cachando todo lo que sucedió».

*La entrevista fue realizada antes del estreno de la película




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