El claroscuro de la homosexualidad moderna o la biografía no autorizada de 50 Cent Gay

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Moonlight: Luz de Luna

No soy homosexual. No soy heterosexual. Soy simplemente sexual.

John Michael Stipe

Así como Beethoven sufrió un desamor con la condesa Giulietta Guicciardi, con quien tuvo fuerte oposición familiar de este romance y que produjo la composición de su famosa Sonata para piano 14 en do sostenido menor «Quasi una fantasia», así surge una de las piezas mas famosas de este compositor, teniendo como nombre «Claro de Luna». Al hacer una comparación por parte del crítico musical Ludwig Rellstab, entre el primer movimiento de la pieza y el «claro de luna» del Lago de Lucerna en Suiza. Así es como podemos imaginar una nostalgia cuasi crónica de lo que es el conflicto interno del amor y la desesperanza.

Podemos abordar el claroscuro de una obra cinematográfica que intenta diluir las diferencias sociales en una sociedad cada vez más tolerante, pero bastante hipócrita. Así transcurre la película Moonlight: Luz de Luna, del director estadounidense Barry Jenkins, quien ya había abordado temáticas raciales en su primer largometraje Medicine for Melancholy, trabajo con el cual recibió varios premios y nominaciones en el 2008 y que, hablando de minorías en un país que ahora denota una fuerte división y postura racista por parte del nuevo gobierno de nuestro amado Donald Trump, es también un discurso de tolerancia y equidad social para la comunidad gay no solo en Estados Unidos de Norteamérica sino en todo el mundo.

Pero, ¿que no fue evidente que la presidencia de Barack Obama fue darle atole con el dedo a todo un país en donde supuestamente veían representatividad de la comunidad afroamericana?, la minoría numero uno del país de El sueño americano parecía haber alcanzado por fin un reconocimiento de su aportación cultural y económica para la consolidación de la cultura gringa actual, pero el racismo sigue manifiesto de manera purulenta en nuestra sociedad actual.

La película de Jenkins es una obra basada en el montaje teatral de Tarell Alvin McCraney titulado Moonlight Black Boys Look Blue, algo así como que los negritos se ven azules a la luz de la luna; pero es la adaptación cinematográfica de Jenkins la que lleva a su natal Miami a una exposición vigente de racismo y llena de violencia y mafia callejera, en donde su personaje principal se debate en la búsqueda de su identidad, conflicto eterno de la juventud.

En la cinta observamos al personaje principal en tres momentos de su vida: Su infancia (Chiron/Alex Hibbert), su adolescencia (Chiron/Ashton Sanders) y su vida adulta (Chiron/Trevante Rhodes); con una estupenda interpretación de cada uno de los actores que encarnan a este complejo personaje. Cabe destacar que el papel del actor musulmán Mahershala Ali (El curioso caso de Benjamin Button, Los juegos del hambre: Sinsajo, Crossing Jordan) le otorgo el Oscar de Mejor actor de reparto, entre muchos premios y reconocimientos más de la critica. Siendo una purga al efervescente veto racial que viven en Gringolandia actualmente.

La odisea de un alma solitaria se ve expuesta en Moonlight…, donde la incomprensión y el vacío emocional de alguien que ha crecido en un ambiente familiar inexistente, genera una creciente necesidad de amar y ser amado. Un presente delimitado por una frustración de vida y adoptando un rol social que pareciera ser la antítesis de lo que la mente y corazón del protagonista realmente desean.

Con un trabajo magistral de fotografía (que en ocasiones me remite al de las películas de Gus Van Sant), la película se vuelve un poema visual que es llevado a otra dimensión con el score de Nicholas Britell. Sin duda una película que no fue vista por muchos a diferencia de La La Land (Chazelle, 2016) y que, gracias al histórico error en la ceremonia de los oscares, ahora ha provocado que mucha gente sí la vea, ya sea por morbo de ver el film ganador y que nadie conocía, así como por ver un trabajo que surge del cine independiente y que es parte del discurso de una Academia que, cada vez, tenia menor credibilidad en su reconocimiento al séptimo arte que el año pasado se califico de ser un «Oscar blanco» (disfrazado de racismo moderno) y ahora es un «Oscar incluyente», que pugna por la comunión racial entre la gringada y el mundo mundial (sic) al que cada vez le da más cólicos el actuar de un billonario con poder político y económico, quien es ahora líder del país más poderoso en el planeta y que casi podría apostar una segunda circuncisión de que el error del sobre en los óscares fue culpa de Donal Trump (llust quidin).

►Aleph

א Columna de crítica y reseña cinematográfica para iniciados א

✎ M.C.L.V. Giovanni Gomez Tagle Flores




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