Lucha México, el pancracio visto desde los Estados Unidos

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¿Un documental más sobre lucha libre en México? Lucha libre México no lo es, ya que la visión compartida de los realizadores estadounidenses Alex Hammond e Ian Markiewicz da una perspectiva muy diferente a la que aportaría cualquier director mexicano, gracias a la perspectiva cultural tan diferente y a la falta de contexto social que un norteamericano podría tener respecto de la casi realidad mágica de este espectáculo, uno de los más populares en México.

Cine para llevar tuvo una ilustradora conversación con Hammond y Markiewicz, quienes no dejaron de mostrar sorpresa y admiración por sus entrañables «objetos de estudio», como El Perro Aguayo Jr., entre muchas otras personalidades que «visten» el siempre fantástico Pancracio nacional.

¿Qué fue lo que los atrapó de los luchadores mexicanos? ¿En qué se diferencian de los de los Estados Unidos?

—(Markiewicz) Creo que una de las diferencias que encontramos interesantes es que no son, para nada, iguales: Se trata de una muy diferente forma de comportarse, de estilos; la cultura es muy diferente. Los espectáculos son muy reales.

Para ser un entretenimiento deportivo, podrías llamarlo «un arte».

Creo que en México (la lucha libre) es muy diferente, respecto de los Estados Unidos, por cuestiones culturales.

(Hammond) Obviamente, en los Estados Unidos, la lucha es muy diferente: se trata más de bravatas, más de mercancías; pero no es sobre el público. En cambio, en México, uno ama la idea de que el público se involucra en el espectáculo, todo es muy cercano a los luchadores. Es muy diferente.

En México se dice, sobre El Santo, que uno podía verlo en una película por la tarde y, en la noche, conocerlo en persona. Uno podía hablar con su superhéroe.

(Markiewicz) Eso es algo muy interesante, ya que en Estados Unidos no hay forma de conocer en persona a los luchadores, salvo por los medios; mucho menos conseguir un autógrafo de ellos. Mientras que, en México, uno tiene muchas posibilidades de conocerlos, incluso cuando vuelan fuera del ring se enfrentan al público, hablan con ellos y se puede tener un autógrafo.

Fue muy emocionante para nosotros.

(Hammond) Eso es lo que hace de la lucha libre algo mágico, porque este tipo de superhéroes de México no los tiene ningún país del mundo. A nosotros nos cambió la vida darnos cuenta de todo esto: Que muchos luchadores nos dejaron entrar en sus casas, nos mostraron su vida. Es una experiencia mágica. Los niños, los jóvenes, pueden ir a conocer a sus luchadores a las arenas. Son muy cercanos todos.

Ustedes conocieron lugares icónicos de la lucha libre, como la Arena México, hasta sitios tan humildes como esas arenas populares en Texcoco, ¿cuál es su impresión de estos sitios tan diferentes entre sí?

—(Markiewicz) Me encantó el rango y la variedad de lugares que uno de ve en México. Es muy interesante, porque puedes ver espectáculos enormes, llegar a sitios muy fríos e imponentes y, de ahí, conocer fórums en pueblos pequeños en donde, gracias a la participación del público, parecería que hay una gran fiesta con los luchadores. Fue otra de las experiencias únicas e igualmente divertidas.

(Hammond) Ninguno fue mejor que el otro. Cada uno de estos lugares ofrecieron una experiencia muy diferente: la Arena México es sobreestimulante: con muchas luces y sonidos. Mientras que es igual de emocionante viajar a pequeños poblados. Son lugares muy humildes, pero con gente amorosa que le da identidad a sus propios espacios.




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