Sainte-Luce y las ciudades sombrías, como el alma de sus personajes

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La reinvención de Claudia Sainte-Luce, después de su magnífica Los insólitos peces gato (2013), se da en la forma de la cinta La caja vacía, filme con una narrativa pausada y sombría que sigue la historia de Jazmín, una joven interpretada por la propia directora, quien, viviendo en la Ciudad de México, recibe una desconcertante llamada de emergencia que le informa sobre la enfermedad de su padre, el haitiano ilegal Toussaint. La mujer no ha visto a su progenitor en años, por lo que no sabe a qué se debe que la llamen. Así, llega al hospital para descubrir que el hombre padece de demencia vascular, por lo que debe enfrentar la tarea de hacerse cargo de un personaje completamente extraño para ella.

Después de haber levantado buenos comentarios en la más reciente edición del Festival Internacional de Cine de Morelia y a propósito de su estreno en cartelera comercial, Sainte-Luce conversó con Cine para llevar sobre las dificultades que representó haber dado un salto narrativo tan alejado al de su ópera prima.

¿De dónde viene la idea de hacer una cinta tan diferente a Los insólitos…?

—Yo creo que ambas son personales, una no es más que la otra.

Esta idea surge, porque creo que tengo una obsesión muy marcada de cómo enfrentar la muerte y, ahora, se me hacía muy potente la idea de que la Jazmín tuviera una posibilidad de reencontrarse, retomar una relación más sólida, con obstáculos.

¿Por qué situar tu historia en un lugar tan diferente a México?

—Yo no lo encuentro diferente.

A lo mejor es, tal vez, mi mirada, que no se parece a las otras.

Este México es igual. Donde hay millones de personas. Donde, tal vez, no se parece a Haití es en los flashbacks del personaje; pero me parece que es justo cuando la ciudad me gusta mucho y cruzo sus lados con los que tengo cierto vínculo.

¿Con qué complicaciones te encontraste al filmar en estas ciudades?

—La dificultad de encontrar un actor con las características de que fuera haitiano, de que tuviera un perfil de 70 años, que hablara francés, que hablara español; esa fue la primera dificultad.

La segunda fue que me topé con muchas dificultades de filmar en la Ciudad de México, porque pareciera que es fácil, porque es la capital; pero hay un montón de trabas para permisos, para cosas logísticas, por el tráfico, etcétera. Resulta muy complicado filmar en el DF (sic). Luego, mover el crew, que era muy reducido, a filmar estas cosas del personaje de Toussaint en Haití era también muy complicado.

La fotografía es un distintivo muy interesante de esta narrativa en La caja…

—Tenía muchas ganas de trabajar con María José Secco (Te prometo anarquía, 2015), que es la fotógrafa de la película. No lo pude hacer en Los insólitos… y, ahora, lo logré en ésta, y pensamos que los personajes tienen qué estar en una atmósfera así: un poco oscura y sombría, porque se sienten así por dentro. Entonces, tratamos de retratar el alma de los personajes en cada espacio que, si bien, cuando los personajes se relacionan, se vuelve un poco luminosa; pero no tanto, porque no puede ser una relación mágica, porque han tenido mucho olvido y mucho abandono durante mucho tiempo. Entonces, pienso que era parte fundamental la fotografía para el sentir de estos personajes.

¿Filmaron en Puerto Príncipe, verdad?

—Sí.

Son ciudades (la de México y Puerto Príncipe) que aplastan, que asfixian…

—Pues sí, justo eso. (Se trataba) Sentir el agobio de la ciudad.

¿Cómo lograste que el actor diera el matiz de ser repelente?; un personaje que también aplasta.

—Fueron meses de ensayo. Él sabía bien español, pero no teníamos el acento que yo necesitaba: un acento neutro. Él lo tenía castellano. Entonces, trabajaba con el coach de diálogo y nos encerrábamos a ensayar más escenas.

Me gusta mucho trabajar una y otra vez, porque creo que (esto) va creando la «organicidad» propia del personaje, y el actor también va dando de sí. Ayudó mucho que yo, al estar actuando y dirigiendo, tenía una doble exigencia.

Tu película ha estado en varios festivales. ¿Con qué te comentarios te quedarías de lo que te dice el público?

—Soy una mujer bastante autodestructiva. Entonces, tiendo siempre a escuchar lo malo sobre lo bueno: lo bueno paso de largo y a lo malo le estoy dando vueltas una y otra vez en mi cabeza. Lo que me gustaría es que pudiera darse un diálogo con el espectador, que entre a este mundo que les ofrezco de la manera más honesta desde el fondo de mi corazón, me encantaría que conectara con ellos.




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