“VAMOS A PARIR UN IN-EDIT AQUÍ Y VA A SER UN VIAJE FANTASTICO”

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POR: GONZALO “SAYO” HURTADO

Así de entusiasta se manifiesta el catalán Uri Altell, cuyo festival de documentales musicales ya trascendió su país natal y llega por primera vez a Lima este 26, 27 y 28 de mayo.

Presidente y fundador de Strike Group, una de las agencias más reputadas en la búsqueda y creación de nuevas tendencias sociales, el éxito de su gran emprendimiento publicitario parecía no conformar a Uri Altell, quien para compensar su gran amor al cine se dio a la tarea de crear en Barcelona In-Edit, un festival que promueve el rescate de la música a través del documental, empeño que empezó en 2003 y ya cuenta con 14 ediciones y 35,000 espectadores que dan buena fe de su gran olfato. La primera cita en Lima ya es una realidad y trae miradas sobre fenómenos sociales como el punk y la música étnica, acercamientos a grandes iconos musicales como Leonard Cohen e Iggy pop o producciones nacionales que recorren el legado de la música criolla o  la revisión de trayectorias de bandas emblemáticas como Del Pueblo, del barrio. Por ello, conversamos con el creador de esta extraordinaria iniciativa para conocer un poco más sobre el engranaje de este evento que celebra el cine con un innegable sello de autor.

GONZALO HURTADO: ¿Qué te motivó a empezar el proyecto de In-Edit?

URI ALTELL: Yo vengo del cine y por muchas complicaciones que no viene al caso citar, esta era una vocación frustrada para mí. Siempre me han gustado las producciones y empecé a trabajar en música como manager de Djs y cosas así, y es que hace 15 años empezó en Barcelona una oleada muy fuerte de ese tema. Mover bandas grandes era muy costoso por las luces, sonido, los equipos y la banda en sí y preparar una gira era demasiado caro. En cambio, con un Dj y una maleta de discos, podías ir a cualquier club y difundir música de manera más barata y hacer de promotor y manager. Pero como el cine siempre ha sido mi pasión, con la llegada precaria del internet -pero llegada al fin y al cabo- te daba la oportunidad de ver algún documental que salía por ahí. Ya que no existía la distribución tradicional, pensé que si yo era público para ese contenido, probablemente habrían muchos otros como yo que también querrían verlo. Entonces, hicimos una exhibición en una sala de conciertos de Barcelona. Fue muy curioso porqué fue un Sold Out y el perfil de público eran todos músicos y fue el primer show en que ellos fueron los espectadores y no los protagonistas principales. Desde ese momento, el lugar se convirtió en un centro de inspiración para los músicos.

GH: ¿Porque crees que Barcelona se adaptó tan bien a este evento?

UA: Antes de las Olimpiadas, era una ciudad muy cerrada porque era muy pequeña y no teníamos tanto turismo. Veníamos de una dictadura y no era muy sexy como ciudad. Al realizar las Olimpiadas del ’92, hubo un cambio de mentalidad de parte de los catalanes y por la influencia foránea de aquellos que la sentían como una ciudad europea segura, con mar, montañas, en la que se come muy bien y con gran calidad de vida. Ahí nacen festivales como el Sonar, que es icónico de la música electrónica, o el Primavera Sound, que es un uno de los más grandes festivales de música indie. Creo que aunque no éramos muy conscientes en ese momento, se estaba viviendo un boom cultural que terminó consolidando esos eventos además del mío.

GH: ¿En qué momento pensaste en hacer de esto una plataforma internacional?

UA: Bueno, In-Edit ha sido un cúmulo de casualidades a muchos niveles. Nosotros, al día de hoy, nos definimos como una plataforma de divulgación cultural. A través del documental musical, divulgamos cultura y damos a conocer a los directores locales y músicos tanto en Perú, Brasil, Colombia, Chile, Europa o donde sea. Intentamos construir ventanas y acuerdos con canales de televisión y empresas interesadas en dar cabida a esta programación. La verdad, antes no se me ocurría esto de internacionalizar el proyecto. Cuando cerramos la segunda edición en Barcelona, vino una chica a mi oficina al día siguiente y me dijo: “Uri, soy chilena, vengo del mundo de la música porque he trabajado en MTV y en Virgin, y estoy segura que el In-Edit en Chile va a funcionar”. Yo le dije entonces que lo hagamos. A raíz de eso, haciendo números me di cuenta que una de las partidas más caras de los documentales eran la traducción y subtitulación. Tenemos un lenguaje común y eso ha hecho que se pudiera reducir muchos los costos teniendo en cuenta que la mayoría de películas se han hecho en Europa, y eso ha permitido que podamos hacerlo aquí y a un precio muy accesible.

GH: Las plataformas digitales se están convirtiendo en un canal natural de distribución de películas y ya se ha planteado una polémica incluso en Cannes. ¿Ves este cambio como una oportunidad más grande para lo que haces?

UA: Nosotros hace años tenemos en España un canal Online en el que puedes ver todos los documentales y tampoco es que la gente se vuelva loca en buscarlos. También creo que la industria aún no está preparada para ello. Ahora se hacen documentales de 2 horas, cuando su formato habitual era de una. No sé si hemos perdido la capacidad de síntesis o si hay más cosas que contar. Hasta ahí no te sé decir. Ver algo de 2 horas desde una tablet o un teléfono no sé si es fácil de soportar. O se ponen de acuerdo y cambian esos formatos -y en el cine, agradecería que también sea así- o realmente nuestra audiencia no vendrá por ahí. Por otra parte, los directores tendrán que entender que tienen que hacer la misma pieza con distintos niveles de profundidad: una cosa es para el tablet y otra para el celular, el ordenador y el cine. Se requiere más esfuerzo, pero si lo que quieren son más visionados para recuperar las audiencias que tenían antes, algún cambio tendrán que hacer.

En el caso de Barcelona, por ejemplo, lo que nos pasa es que el In-Edit es un acto social que es un meeting en el que se reúnen músicos con gente de la industria, managers, promotores, productores y fans y esa es una experiencia que en casa no la puedes tener, con lo cual, es una concentración en la cual la audiencia se ve 30 documentales en 11 días, algo que el resto del año no hace. No sufro mucho porque sé que tenemos un millón de fans en todo el mundo y creo que tenemos recorrido para rato.

GH: En muchos festivales de cine en Latinoamérica, las muestras documentales están superando a las de ficción. ¿Ves una ola nueva en el cine en la que está reposando In-Edit?

UA: Todo es causa-efecto y es sistemático. Cuando nació nuestra primera edición, nos quedamos prácticamente con todos los documentales musicales que había y, de hecho, no sabíamos si podríamos tener una segunda edición. Poco a poco ha habido cada vez más mercado y ventanas, y la gente hace más documentales, ahora recibimos una media de 500 al año. Yo creo que la ficción, así como la palabra documental, a priori en el imaginario colectivo te lleva al aburrimiento, porque es algo más lento. Ahora, los documentales han cambiado de ritmo y son otra cosa. En cuanto a ficción, creo que estamos hartos de películas apocalípticas y de las mentiras. Los políticos mienten, los trabajos mienten, los periódicos mienten. En cambio, un documental es como agarrarse a algo de verdad, a algo de realidad. Hay un crecimiento orgánico y brutal del documental, pero creo que también que plataformas como Netflix con las películas de ficción han vuelto a poner en el tapete al cine convencional y mainstream, porque realmente la gente al cine ya no estaba yendo.

GH: ¿Cómo organizan la curaduría en cada ciudad donde se realiza el festival?

UA: Todas las sedes pueden proponer películas locales o internacionales. En ese sentido, nosotros estamos siempre abiertos. No hay cuotas por país. Las películas pueden o no entrar, el único requisito es que sean buenas sin importar su nacionalidad. Nuestro requisito para programar una película para In-Edit es que no sea promocional ni de una gira, un disco o un artista y que haya una historia detrás, que te contextualice en un entorno socio-cultural y que sea totalmente transversal: ya sea de música clásica, de jazz, de blues o de techno, punk, heavy o lo que sea, para que así la programación tenga todo tipo de estilos musicales. Buscamos que entre las bandas no solo haya grandes nombres, sino también músicos desconocidos y que la gente pueda descubrir cosas nuevas.

GH: ¿Cómo se concretó el ingreso de Lima a este circuito?

UA: A medida que el In-Edit va teniendo sedes a nivel internacional, nos comenzaron a llegar mails de muchos países. Normalmente, a los primeros mails no les hacemos mucho caso, son apenas una señal. Si ya tenemos 25 mails de Lima en el último mes, entonces nos ponemos en contacto con los interesados y les hacemos desde entrevistas personales y varios requisitos de rigor. En este caso, yo conocí a Jandira Palomino hace 2 años. Ya nos conocíamos por Skype y quedamos en encontrarnos en la edición de Chile y así fuimos estructurando hasta llegar a esta primera versión aquí.

GH: ¿En cuántos países se realiza actualmente In-Edit?

UA: Estamos en 8 países, pero en cada uno nos movemos en varias ciudades. En España estamos en Barcelona, Madrid, Valencia y Bilbao, en Grecia en Thessaloniki y Atenas, en Alemania solo en Berlín, en Chile Santiago y Concepción, en Brasil alrededor de 10 urbes que incluyen Rio de Janeiro, Sao Paulo y Salvador, en Colombia en Bogotá y Medellín, y en México en CDMX, Puebla y Guadalajara.

GH: ¿Has pensado en llevar In-Edit a EE UU?

UA: Estamos en eso. No podemos hacer mucho porque todavía está en proceso. Me sorprende que no se les haya ocurrido a ellos. Por una vez, está bueno que algo no venga de ahí.

GH: ¿Cuáles son tus expectativas en esta edición limeña?

UA: En toda primera edición tiendo a tenerlas muy bajas, porque le estamos tomando el pulso a una ciudad y hay muchas cosas por corregir. Por lo que me dice el equipo de aquí, estoy seguro que será un éxito rotundo y ya estamos al límite del Sold Out en muchas películas. Vamos a parir un In-Edit aquí y eso va a ser un viaje fantástico y espero que para muchos años. ¡Qué el niño nazca sano y tenga una vida muy dulce!




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