FESTIVAL AL ESTE DE LIMA: Y ASÍ VA LA COMPETENCIA

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POR: GONZALO “SAYO” HURTADO

La muestra con lo más saltante del cine reciente de Europa del Este empezó el miércoles 7 de junio en la capital limeña y aquí les presentamos una mirada con lo que va de la competencia de ficción

MIÉRCOLES 7:

RÉQUIEM POR LA SRA. J (Serbia) de Bojan Vuletic: Como parte de la muestra Carta Blanca, resultó muy interesante el visionado de esta historia sobre Jelena (notable Mirjana Karanovic), una viuda que tras haber perdido su empleo en una fábrica, queda en una suerte de letargo que la resigna a vivir sin expectativa alguna mientras comparte el departamento con sus hijas y madre. Típico en el sentir del cine de esta región, el desempleo, la burocracia y la apatía son los componentes que están a flor de piel. Pero a pesar de la incertidumbre por aquella vida, la película no busca el miserabilismo sino más bien llegar a la raíz misma de sus personajes. Jelena parece divagar sin propósito alguno, pero dentro de su desolación por la incapacidad estatal para encontrar soluciones, irá surgiendo un insólito y radical método que será el bálsamo apropiado para mitigar su dolor. Contemplativa pero con una sorprendente cuota de surrealismo en su parte climática.

 

LAS INOCENTES (Pol/Fra) de Anne Fontaine: Proyectada en la gala inaugural con presencia de la directora, Las Inocentes resultó poseer un notable manejo de actores y una narración firme que captura la atención en la primera mitad. Ambientada al final de la 2da. Guerra Mundial en Polonia, con una Dra. de la Cruz Roja francesa (Lou de Laâge) que ayuda clandestinamente a un grupo de monjas, quienes han sido abusadas tanto por tropas nazis como rusas, el retrato conseguido conmueve sin estridencias y toma caminos siniestros al develar el fundamentalismo de algunas religiosas por evitar el escarnio y la vergüenza. En contra podríamos decir que el personaje principal va desapareciendo junto a todos sus dilemas conforme avanza la trama, la que finalmente es resuelta con no poca complacencia. Directora experimentada y de fuste, no cabe duda, pero aquí Anne Fontaine no pudo evitar caer en lo previsible.

 

JUEVES 8:

CASA AJENA (Georgia/Esp/Cro) de Rusudan Glurjizdé: Dos familias dejan la ciudad y toman posesión de casas campestres que han sido abandonadas por la guerra civil desatada en Georgia a fines de los 80s. El desolador cuadro motiva una mirada -por momentos- de un letargo tal, que es imposible no sentir la influencia de Andrei Tarkovsky, aunque el resultado final sea muy disímil. Los nuevos habitantes no pueden renunciar a su condición de víctimas de guerra en un ambiente denso y sobrecargado, ya que hasta el silencio de los bosques los remite a un estado de tensión permanente. La violencia no aflora desbocada, pero si es sugerida simbólicamente y la sensación que se transmite, es que son prisioneros sin barrotes, incapaces de decidir su suerte en un mundo cuya ley la ponen los guerrilleros en pugna. Carente de un clímax potente, Casa ajena queda expuesta más bien como un universo de sensaciones en los que los personajes no terminan por resolverse y más bien optan por insinuar sus deseos.

 

VIERNES 9:

 EL SANTO (Lit/Pol) de Andrius Blazevicius: Vytas (Marius Repsys) es un ingeniero mecánico que es cesado. Aunque la necesidad de un nuevo empleo es urgente para mantener a su esposa e hijas, él más bien sucumbe a la necesidad de depender de la vida social con su grupo de amigos, especialmente Petras, quien lo convence de ubicar al protagonista de un video viral, quien afirma haber visto al mismo Jesucristo en un barrio aledaño. Así, conforme la búsqueda avanza, es patente la disección moral del protagonista, quien digna hechura del medio que lo ha formado, no tiene mayor conciencia de sus deberes más allá de la seguridad de un empleo fijo con el que no cuenta. Su nueva condición supone un repaso a sus nulas expectativas a todo nivel: tanto laborales como amorosas, resultando su necesidad de encontrar al autor del video como una manera de confirmar o negar un sentimiento espiritual que termina siendo puramente ilusorio al igual que todas sus metas. Pieza menor, pero con una gran carga dramática.

 

SIN DIOS (Bul/Din/Fra) de Ralitza Petrova: En medio de un panorama económico desolador, la enfermera Gana (Irena Ivanova) hace un alto en sus obligaciones con sus ancianos pacientes, para servir de nexo con una mafia que trafica con células de identidad. A partir de ahí, la narración se vuelve muy puntual para graficar detalles de la sórdida vida de su protagonista, que entre la necesidad económica y la insatisfacción sexual, ejecuta su labor sin detenerse a tener mayores remordimientos. El medio en el que habita Gana ha bloqueado sus sentimientos como una autómata, pero será precisamente el sentirse comprometida con la situación de uno de los enfermos, lo que la hará despertar más allá del miedo a las consecuencias. En este punto, la trama comienza a abordar los terrenos del thriller, donde la protagonista descubrirá lo absurdo de la legalidad en un mundo que de tan pútrido, rompe por un momento su cascarón para aflorar violentamente. Una de las películas más sólidas de la competencia de ficción.

 

SÁBADO 10:

ANA, MI AMOR (Rum) de Calin Peter Netzer: A estas alturas, y tras el embate del cine rumano con cineastas como Cristian Mungiu o Cristi Puiu, ya a nadie le puede sorprender el porqué de su sentido de riesgo. Así, desde el título que ironiza las cursilerías románticas, se hace un recorrido a partir del encuentro de Toma (Mircea Postelnicu) y Ana (Diana Cavallioti) desde una fiesta universitaria hasta que ya son un maduro matrimonio con un hijo. La opción narrativa opta por la edición discontinua, de modo que en base a saltos hacía adelante y atrás, los fragmentos de la caótica vida de ambos: ella, dependiente por una enfermedad emocional y ser adicta a fármacos; él, obligado a trabajar a disgusto para cumplir con las obligaciones económicas, van creando una insospechada progresión. La historia no se reserva nada: así, somos testigos sin tapujos de la intimidad de la pareja, reflejando en aquella desnudez y en la intensidad de los encuentros, el sentido de una química que responde más a la necesidad de alargar momentos que a redondear la idea de un hogar estable. Los diálogos tienen un contrapunto desde el inicio entre discusiones sobre la fragilidad de los cimientos morales según Nietzsche, hasta el sentimiento religioso que aflora en momentos de crisis. Así, frente a la caótica realidad de una relación que se mantiene más por imperativos morales que por una real admiración mutua, conceptos como homogamia y fidelidad comienzan a mostrarse como caducos e imposibles a los ojos del espectador. Definitivamente, la gran favorita hasta el momento.

 

DOMINGO 11:

HUELLAS (Pol) de Agnieszka Holland: Tratándose de una de las directoras polacas más célebres, es mucho lo que puede esperarse de Agnieszka Holland, y más aún si se ha disfrutado de obras suyas como El jardín secreto (1993) y Eclipse de una pasión (1995). Lo que nos reserva Huellas es el fermento del trabajo de esta cineasta tras años en EE UU al frente de series como The Killing o House of Cards, que ofrecen un gran campo de experimentación que ha revitalizado la oferta televisiva. Sin embargo, su regreso al cine no puede calificarse sino de desafortunado, ya que esta suerte de “eco-thriller”, con pinceladas de humor paródico y en el que se salta por momentos muy sentidos de su protagonista (una mujer vegana asqueada por la caza de venados, zorros y jabalíes en los campos que circundan su propiedad) hasta registros de comedia con mucho de absurdo y nada de irónico. Es patente el abuso de flash backs que pretenden arreglar los baches narrativos para llegar a un desenlace que bien podrían haber firmado los hermanos Coen, pero con una propuesta integral.

 

LOS ERMITAÑOS (Ale/Aus) de Ronny Trocker: La vida en un frío paraje de Alemania forja el carácter de sus habitantes, a quienes una cantera de mármol les brinda el sustento -con no pocos riesgos-, a no ser que se animen a una economía de auto subsistencia en lo alto de las montañas. Así, mientras los áridos paisajes se convierten en un protagonista más al imponer su dura asimilación, el amor, la camaradería, el respeto y confianza van sucumbiendo mientras los ciclos de tiempo son determinados por derrumbes en ralentí, que se llevan no solo vidas sino las pocas ilusiones en juego. Entre la mirada documental y simbólica, Los Ermitaños consigue vencer las diversas capas psicológicas que cubren a sus personajes para llegar a su más pura esencia.

 

LUNES 12:

NO ES EL MOMENTO DE MI VIDA (Hungría) de Szabolcs Hajdu: Dos hermanas húngaras y sus respectivas familias convergen en Italia. Mientras Eszter (Orsolva Torok-Illyes) está establecida cómodamente en un confortable departamento hace años, Ernella (Erika Tankó) llega inesperadamente con su esposo e hija luego de haber probado fortuna en Escocia. De semejante cruce no ha de tardar en aflorar el choque de sentimientos y las deudas emocionales del pasado. A pesar de la oposición entre fracaso y éxito que las distingue, queda clara que sus pesadas cargas no les permiten encontrar la ansiada estabilidad desde ambas orillas. Y a pesar que sus respectivos vástagos son una oposición mucho mayor (ella: callada e imaginativa, él: hiperactivo e insoportable), inesperadamente, la semilla de la unión podría germinar de ahí sin sentimentalismos de por medio. Una mirada objetiva y descarnada a la disfuncionalidad inherente a cada familia.




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