México: un paisaje humano que se transforma de norte a sur

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En palabras de su directora, Tatiana Huezo, Tempestad es la historia de dos mujeres que han sido víctimas del sistema de justicia. Una de ellas, Miriam, «es una estudiante de la UNAM, igual que yo, común y corriente, de a pie como todos nosotros, que trabajaba en el aeropuerto de Cancún; se la llevaron presa dos meses a la Ciudad de México. Después, la acusaron a ella y a sus compañeros de tráfico de personas, …pero a Miriam la acusan sin ninguna prueba ni nada que justificara dicha acusación y la mandan al norte de México, a Matamoros, a una cárcel muy violenta durante varios meses, durante casi un año, que duró está experiencia que fue como una visita al infierno y este es recorrido de lo que significa el miedo…»

Acreedora de los premios Fénix a Mejor documental, Mejor cinefotografía y Mejor música; Tempestad ha recibido, también, la nominación a Mejor película, caso poco común para un documental, en la entrega de los premios Ariel, que otorga la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas.

Aunque «apartada» dentro de un género cinematográfico menospreciado a nivel del gran público, el documental, Tempestad demuestra la potencia y energía que pocas cintas de ficción mexicanas logran tener en lo que se refiere al cine como expresión artística.

Aquí, la entrañable plática que Cine para llevar sostuvo con la también cinefotógrafa mexicana, Tatiana Huezo.

Los retos

Tempestad es una cinta que se relata en el camino. No sólo por medio de la monumental cinefotografía de los parajes mexicanos dibujados en luz por Ernesto Pardo (Guerrero, 2017), sino también por el enorme trabajo en los rostros, expresiones y miradas de los muchos Méxicos que se ven en pantalla —pasajeros de autobús, guardias en retenes, transeúntes…—; de ahí que Tatiana Huezo considere que entre los varios retos en la etapa de la producción sobresalga el que se refiere a la seguridad, «porque filmamos en lugares que son delicados, por la violencia que ya está muy establecida, como, en el norte de México: en Matamoros y Tampico.» Respecto de Matamoros, la realizadora relata que había un mecanismo, un protocolo de seguridad, muy claro de la producción, que indicaba que después de las 6:00 horas de la tarde ya no se podía salir: «para trasladarnos había caravanas de ciudadanos que se trasladan de Ciudad Victoria (Tamaulipas), (en) varias estaciones teníamos que circular con esas caravanas.»

La directora expone que otro de los retos importantes es que la road movie lo es por medio un viaje que cruza México de norte a sur: «Son más de 2 mil kilómetros y, a lo largo del camino., percibimos a México a través de muchos rostros distintos que vemos en autobuses, que vemos en terminales, en gasolineras, en muchos espacios, en mercados, a lo largo del recorrido, del viaje»; por lo que imagen fue una de las cosas más difíciles a nivel de producción, ya que la directora tenía el enorme deseo de atrapar muchos rostros de México y la cuestión de los «derechos de imagen —que es muy fácil que alguien te demande por usar una imagen, sin permiso, de su persona con toda razón–» se volvió un reto muy grande.

Y, explica, por qué en los autobuses los planos son muy cercanos y la cámara está muy cerca de las personas que viajan: «…había una estrategia importante, por ejemplo, que fueran trayectos largos, por lo menos de seis horas, …siempre alrededor de cuatro pasajeros que conseguíamos en las terminales, como una especie de extras a quienes pagábamos y quienes sabían del proyecto y subían al autobús como pasajeros y, entonces, empezábamos filmando los rostros de ellos sin decirle nada a nadie, porque ya dentro de la investigación yo había experimentado rodar en los autobuses y lo primero que hice fue pedir permiso, y fue un error enorme: No funcionaba, porque después de pedir permiso los pasajeros que aceptaban se maquillaban, se peinaban y no funcionaba esta imagen para lo que estaba yo buscando, …para el mundo de las imágenes, de los rostros, que esperaba yo construir en la película y, entonces, …a la tercer hora, empezábamos a rodar los pasajeros sin pedir permiso. Curiosamente, la gran mayoría de los rostros permitieron ser filmados muy hipnotizados, a veces, mirando el paisaje, dormidos; a veces, mirándonos a la cámara.» No obstante, aclara que tuvo qué pedir permiso cuando sabía que había un rostro importante para la película, por lo que una persona de producción iba a hablar con el pasajero después de que la cineasta decía «este rostro va a quedar en la película» y, entonces, se encargaba de explicarle todo: «éste es plano, ésta es la toma, su imagen…» …y de pedirle permiso, para poder usar su imagen en la película.

«Esa fue una de las cosas más difíciles: …fue uno de los retos más grandes y creo que fue una de las riquezas que tiene la película. Es una película que tiene un paisaje que se transforma en montañas, planicies, etcétera; pero también hay un paisaje humano que se transforma de norte a sur que es México», remata.

Tantos «Méxicos»…

Para Tatiana Huezo, la carretera se volvió muy importante cuando comenzó a investigar, porque, lo primero que uno hace cuando la idea llega a sus manos es ver cómo se va a relatar… «…y el primer paso que yo di después de tener el testimonio de Miriam fue recorrer lo que ella recorrió una vez que salió de la cárcel.» La directora explica que, a veces, tomaba un carro para recorrer el trayecto un par de veces, pero todo fue cambiando cuando se topó con militares encapuchados y «…armados hasta los dientes en Matamoros, en Tampico, en Veracruz. Es impresionante.» La documentalista expone que toda la vida he viajado por carretera: «me encantan las carreteras secundarias y los caminos poco transitados. Hemos dejado de transitar por estos caminos y este recorrido que hice por autopista me sorprendió mucho, pues es muy impactante. Estuve viajando sin parar muchos días… Y, subraya «cuando uno pasa un retén es muy agresivo, hay una intimidación y esa sensación la tuve muchas veces: nos detuvieron muchas veces a lo largo del camino, porque yo recorrí los caminos de ida y vuelta.»

Al respecto, Huezo expone que, a nivel dramático trató de desarrollar un entorno donde la violencia está latente por los que están resguardando la seguridad en las carreteras, «…es algo muy violento y muy impresionante que está ahí…»

En el infierno

A pregunta expresa de Cine para llevar sobre si al estar dentro del infierno implica que se deba perder la esperanza, como lo dice una frase que aparece en Tempestad, la directora dice que en el micromundo de la cárcel está potenciado todo lo que sucede y es perfectamente trasladable a la realidad, «…afuera, en nuestra vidas, sucede algo muy similar, en otra escala. Eso es lo que alguien quiere: que perdamos la esperanza, que nos demos por vencidos, que no nos movamos; que dentro de la cotidianidad, (se asuman como normales) las grandes tragedias que nos están sucediendo como sociedad. Pero yo no creo que… No podemos perder la esperanza. No podemos permitirnos y darnos el lujo de eso. Yo sí creo que hay qué pelear. Es una oscuridad (la de la película) y cuenta cosas difíciles. Yo creo que ellas (sus protagonistas) tienen mucha fuerza y mucho coraje y para poder alzar la voz y decidir dejar el miedo a un lado y sacar adelante a un hijo y no heredarles el miedo.»

Y remata refiriéndose a Adela, su otro personaje, quien tiene desparecida a su hija: «Lo que ella me dijo es una muestra de carácter y de valor muy grande, (está) llena de luz y, ahí, está la fuerza para exigir lo que es justo con muchísima fuerza, para cambiar las cosas. Y ella sigue peleando y pidiendo explicaciones y exigiendo a la autoridades y estando en el espacio en el que la dejan hacerlo y donde puede colarse. Y yo sé que lo va a seguir haciendo y esa es su vida y ella va a seguir peleando para que su hija hermosa y amada regrese a casa.», concluye.

Ambulante

En su momento, todos los personajes principales del documental —Adela, Miriam, las chicas del circo— estuvieron en la primera función que hubo en la Ciudad de México, que fue para la gira de documentales Ambulante. Tatiana Huezo afirma que se trató de una función muy especial que estaba abarrotada de gente, «…pero, además, estaban ellas que tuvieron buenas reacciones del público, que tuvieron mucho cariño del público. (Una proyección) …de mucho aplauso, de muchos abrazos y mucha decisión. …estuvieron muy contentas y se rieron mucho. Y lloraron mucho de haber podido ver su película en el cine con mucha gente, poder compartirla…




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