El Cine Endemoniado

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Hay pocos géneros en el mundo cinematográfico que llaman tanto la atención del público como el cine de terror, lo que lo hace la piedra angular de muchos otros subgéneros que han dado aportes al mundo de la pantalla grande no pasando desapercibidos.

El morbo y el gusto por el susto son de los principales motores en este género, sencillamente superados por los magníficos trabajos que se pueden apreciar con el pasar el tiempo.

El género es tan amplío que permite experimentar la vivencia de muchos personajes en situaciones bastante inenarrables que solamente podría ser superada dicha experiencia con la imaginación que cada uno puede tener, volviendo la experiencia aún más traumática para cada uno de nosotros.

Torturas, secuestros, persecuciones y demencia, son algunos de los temas que sin lugar a duda nos pueden quitar el sueño.

Sin embargo, el género pudiese estar entrando en una época de crisis, debido a que como en todo, hay quienes solo buscan hacer productos en serie cuya venta les permita generar ganancias inmediatas y no un verdadero aporte, como lo mencione anteriormente, el género por si solo vende bastante.

Existen argumentos que pareciera, son el agua de la cafetera después del décimo uso sin cambiar la carga de café, lo cual da como resultado una taza de un líquido que aunque tenga el mismo producto de origen, es infinitamente inferior.

Guiones predecibles y temáticas aburridas, aunado a pobres interpretaciones de los personajes por parte del reparto son una combinación que todo cinéfilo sufre en ver.

La explotación de los temas está llegando un nivel en que cada que un acierto es registrado, se exprime hasta la última gota de él, ejemplo claro fue la entrega de Hostel (2005), dirigida por Eli Roth, en cuya producción también estuvo involucrado Quentin Tarantino

Siendo la primera entrega una propuesta de un mundo subterraneo en donde el mercado negro de torturas es el tema central, pensar que esto podría ser posible, da un escalofrío que recorre la columna y enchina la piel.

Bien lograda, a secas, la parte de uno de esta trilogía, despertó la ambición por parte de la producción quienes se arriesgaron a lanzar una segunda y tercera parte.

La segunda fue altamente criticada por inconsistencias en el guión y una debilidad evidente en la construcción de los personajes, mientras que la tercera fue una apuesta tan arriesgada que ni el mismo Eli Roth quiso la dirección.

La producción en masa como artículos desechables está transformando este género, en metrajes intrascendentes y sencillamente aburridos.

Sin embargo la luz al final del túnel siempre aparece, gracias a aquellos directores que me gusta denominar, como cineastas salmón (sic), ya que es un gusto para ellos navegar contracorriente.

Proyectos recientes como La Bruja (2016), por mencionar un ejemplo, han despertado mi curiosidad por el tipo de propuesta cargado de un marco conceptual tan fuerte y una simbolismo que resulta, en opinión del autor de este humilde artículo, sencillamente brillante.

Como conclusión de esta catarsis, no pretendo asegurar el saber si está bien o mal consumir cierto tipo de productos, mi único objetivo es exhortar al cuestionamiento e incertidumbre de preguntarnos qué consumimos y qué no.

José Mecatl “El Director” 

 




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