La amorosa

105

Coco es el nombre de la abuela de Miguel, personaje sedente que, por su carácter de nonagernaria se encuentra confinada a una silla de ruedas desde la que contempla pasar los últimos dias de su silenciosa existencia. A pesar de todo el cariño que recibe de parte de la familia de zapateros de la que forma parte, Coco permanece impávida, sobre todo ante el torbellino que significa la inconforme vida de Miguel, quien no quiere continuar la tradición familiar, tanto de hacer zapatos como de odiar la música. No obstante el supino empeño del chico traerán una realidad que sólo los mexicanos podemos comprender.

En una de sus apuestas más arriesgadas, los estudios Pixar entregan, como de costumbre, un portento animado que retoma, en una hora y 49 minutos, prácticamente todos los elementos de la mexicanidad (desde el papel picado, hasta los alebrijes), para dibujar, tan sólo eso, una pequeñísima parte de la cultura mexicana en una muy contenida cinta sobre la importancia que los mexicanos le damos a la familia y a las raíces, pero siempre, desde la, al fin de cuentas limitada, forma de vernos en una perspectiva gringa: Una especie de, valga la expresión, “tropicalizacion” de lo mexicano con claros guiños a El Santo, Pedro Infante, el Día de Muertos; pero como meros momentos anecdóticos y circunstanciales; superficiales, pero nada sustanciales.

Coco es una película bonita.




Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *