La La Land: Una historia de amor

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Con 14 nominaciones, La La Land: Una historia de amor será la cinta que arrasará con la mayoría de los premios el 27 de febrero en la entrega 89 que la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de los Estados Unidos hará del Oscar, premio que certifica el cine más gustado por Hollywood, pero no necesariamente el mejor del mundo.

No obstante, y con base en experiencias de años anteriores en las que la cinta con más premios no fue la que se alzó con el máximo gallardete, el de Mejor película, es muy seguro que este año sucederá lo mismo y el segundo largometraje del joven geniecillo musical de 32 años, Damien Chazelle (la brutal Whiplash: Música y obsesión, 2015) debería ceder el Oscar a la también estrenada en el Valle de Toluca, Moonlight: Luz de Luna (Barry Jenkins, 2016), más ahora que la Academia estadounidense debe acallar por completo aquellas voces que se alzaron hace exactamente un año, entre ellas la de Will Smith, que aseguraban que el Oscar era «demasiado blanco», por la carencia de afroamericanos en las nominaciones.

Al final, La La Land: Una historia de amor complace, sobre todo, a los gustosos del cine clásico musical del Hollywood de los cincuentas, cuando Ginger Rogers, Fred Astaire, la recientemente fallecida Debbie Reynolds y el gran Donald O’Connor hacían las delicias de canto y baile en aquellas grandes producciones de la época como Cantando bajo la lluvia (Donen, 1952). Y, desde luego, son inolvidables los alcances de la enorme Los paraguas de Cherburgo (Jacques Demy, 1964), cinta universal que puso la vara muy alta para todas las que la sucedieron.

Sin embargo, el excelente montaje —dígase música, coreografías, planos secuencias, canciones, vestuario, actuaciones, guión, etcétera— de La La Land… no logra convencer a todos los gustos: varios abandonan la sala o increpan a su acompañante diciéndole «¡¿Me trajiste a ver un musical?». Muchos de ellos utilizando el débil argumento de que la gente no va por la vida cantando sin razón aparente. A lo que se puede responder diciendo que tampoco va por la vida saltando de un edificio a otro en Dubai en un carro que, literalmente, vuela.

El acuerdo que debe haber del espectador con La La Land… y con las películas musicales es que se deben respetar, desde ambos lados, las convenciones del género: Uno no va a ver las películas de Star Wars… para cuestionar que, debido a la falta de oxígeno, no es posible que haya explosiones en el espacio.

La aversión por el musical es generalizada, sobre todo en las generaciones más recientes, a pesar de que están todo el tiempo en contacto con este tipo de películas: desde las más comerciales —Moana: Un mar de aventuras (Clements, 2016), Sing: Ven y canta (Louderlet, 2016); Mamma mia! (Lloyd, 2008)—, hasta portentos como Nueva York, Nueva York (Scorsese, 1977); Los hermanos caradura (Landis, 1980) o Sing Street: Este es tu momento (Carney, 2016), que, por cierto, debió estar nominado en la categoría de Mejor de película.

Los musicales nunca se han ido ni han resurgido súbitamente, y ahí está La La Land… para demostrar que se pueden ganar muchas estatuillas a la salud de las canciones y de la música.

La La Land

Dirigida por Damien Chazelle

Emma Stone, Ryan Gosling, J.K. Simmons

2 h 8

B




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