La libertad del diablo en la Berlinale 2017

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Documental invitado como parte de la Berlinale Special 2017 que dejó impactado al público que asistió para ver la cinta del director Everardo González, un documentalista multipremiado y uno de los mejores exponentes de documental mexicano con cintas como “La canción del pulque” (2003), “Los Ladrones viejos, las leyendas del artegio” (2007) y “Los cuates de Australia” (2011), entre otras. Su sexto documental ha levantado roncha por a temática que aborda en esta entrega. Una desgarradora historia que descubre el horror del secuestro en México relatado por víctimas, sicarios, policías federales y miembros del Ejercito Mexicano que dejaron cinco años de la inútil lucha contra el narco que encabezó Felipe Calderón, presidente de México durante su sexenio. La barbarie que desató esta lucha en nuestro país dejó una estela de desazón y desamparo y que Everardo González descubre sólo como la punta del iceberg de la violencia que ha dejado al país como uno de los más violentos en el mundo. Los personajes relatan sus historias con una mascara diseñada para el filme que sólo cubre parte del rostro y que muestra a los relatantes cual si hubieran sido quemados o mantuvieran las cicatrices a flor de piel que, sin embargo, esa mascara deja al descubierto sus ojos que no pueden ocultar lo terrible de los hechos que relatan.

Pero vayamos al fondo de este tema que Everardo ha sabido mostrar de forma inteligente, pero no sin dejar de ser sensible con los relatos que haces los protagonistas de este documental. “La libertad del diablo” araña no sólo los hechos de esta guerra inútil, sino que trata, paradójicamente, de desenmascarar hasta dónde un ser humano puede violentar a su propia especie. No es un documental dócil ni sencillo que deje al espectador conforme con lo que ve y escucha, al contrario, deja una desazón e impotencia en el público que la ve, ya que refleja la falta de respeto hacia el propio ser humano por a violencia provocada por la delincuencia organizada que literalmente secuestró a todo el país durante estos oscuros años de gobiernos insensibles y errados en sus políticas de seguridad nacional, las cuales, es obvio que fueron un fracaso.

Aunque es impresionante la forma en la que Everardo González trata de forma estética la cinta, tratándose de un tema tan escabroso y que aún hoy en día sigue lastimando a nuestro país. La visión de los responsables de varios actos de secuestro y la de varias de las victimas, relatando las dos versiones, deja congelados a los espectadores al mostrar lo frío que es para unos y lo doloroso que es para otros un mismo tema. La barbarie con la que se dan los relatos es acentuada con esta especia de pasamontañas color carne que usan los personajes, que parece mostrarlos con la piel descubierta, sensible y frágil que hace que el que los ve sienta los relatos mas escalofriantes y dolorosos. Este tratamiento que hace González, sin comprometer la autenticidad del testimonio en primera persona que forma el grueso de la película, da un surrealismo a las imágenes, e introduce una serie de asociaciones perturbadoras y provocativas.

Todos los relatos van relacionados unos con otros y no dejan de ser conmovedores y devastadores cuando policías, militares y sicarios son parte de lo mismo. Algunos se vuelven cómplices o tomaron la justicia por su propia mano, como el testimonio de un policía que describe cómo tiene que matar a un sicario porque de no hacerlo seguirá matando y reflexiona sobre el hecho: “Por eso es tan fácil convertirse en alguien atroz en México, cometer atrocidades, porque la desesperación es fuerte”. Aunque pareciera que hay dos bandos, todos son víctimas de un sistema que simplemente no funciona y fue mal implementado, aunado a las corruptelas de los altos mandos, funcionarios e incluso gobernadores que se beneficiaron del crimen organizado. Sin duda alguna el documental “La libertad del diablo” no será muy fácil de ver y distribuir en nuestro país, ya que muchos de los involucrados siguen siendo parte del sistema y desenmascaran, paradójicamente, al sistema político mexicano que esta lejos de ponerle un verdadero remedio al secuestro, simplemente porque sigue siendo un negocio redituable para el crimen organizado y para los gobiernos corruptos. Los “desaparecidos” siempre son menos costosos que los vivos, ya que dejan de ser un problema, es más fácil dejar en el olvido a una persona que tenerla presente. Aunque el costo real es el hartazgo, la desdicha y el sufrimiento que dejan detrás de si y que tarde o temprano pasarán la factura no sólo a la sociedad, sino a los gobiernos que dejaron que este lastre lastime a nuestro país. “Si no miramos a los ojos a las víctimas y a los victimarios, que a su vez son víctimas, difícilmente se puede legislar en favor de la sociedad. Mientras sigamos teniendo técnicos y no humanistas en el poder, vamos a seguir teniendo los mismos problemas”, termina declarando Everardo González que nos deja su cinta como un doloroso retrato de lo que ha dejado los insensibles gobiernos que hemos padecido.

JuanMac

@ChipocleMac

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