Moonlight, la oscura noche del Oscar

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Apartando un poco la controversial entrega y error de la 89ª premiación del Oscar, Moonlight, pareciera tener más motivos políticamente correctos, que ser en realidad una gran película merecedora de este premio.

En los últimos años, la industria Hollywoodense ha mostrado gran apertura en su forma de invertir en los proyectos que narran historias de temática gay, lésbica y transexual; entre los que podremos nombrar esta, «Chica danesa», «No sin ella» y Calor, todas del 2015. Sin embargo, el odio hacia las minorías se ha acentuado considerablemente en los últimos meses en la Unión Americana. Uno de los casos más brutales fue es el ataque al un club gay en Orlado, considerado una de las peores masacres a este gremio en los Estados Unidos.

Pero por otro lado entre los mismos grupos minoritarios a veces resulta necesario permanecer en cierto paradigma para no ser criticado o rechazado. Para tales ejemplos podemos mencionar que los rudos son machotes corpulentos y los cursis con delgados o delicados.

Esta película se sumerge en la compleja temática de ser lo que debes de ser, ya por haber crecido en un lugar o por pertenecer a un grupo. Esta es la historia de un joven que trata de encontrar su identidad.

El director estadounidense Barry JenkinsMedicin for Melancholy», 2008) adaptar la puesta en escena “In Moon Light Black Boys Look Blue” de MacArthur Tarell Alvin McCraney y nos muestra una cinta divida en tres capítulos que narran la vida de un muchacho afroamericano que vive en un barrio bajo de Miami.

El primer capítulo muestra algunos momentos claves en la infancia de Chiron (Alex R. Hibbert) a los nueve años, tras tropezar con Juan (Mahershala Ali, «The House of Card» – TV) el dealer del barrio, el cual decide ir en su auxilio al ver que es perseguido por un grupo de muchachos.

A partir de ahí ambos desarrollaran una amistad, en donde “Pequeño” (el apodo de Chiron) encontrara una imagen cuasi paterna y un refugio eventual en la casa de Teresa («Talentos ocultos»), la novia de Juan.

“Pequeño” es un niño delgado y callado, el cual no tiene muchos amigos y eso genera que sea agredido regularmente por sus congéneres. Pero Kevin, uno de sus compañeros de juego, es quien le tienda la mano y lo invita sin éxito a ponerle un alto a cualquiera.

También en este primer capítulo esta su madre (Naomie Harris, «Piratas del Caribe» – «El cofre de la muerte«) una joven enfermera adicta a crack que el mismo Juan distribuye. Al final del primer capítulo se aprecia claramente el problema. Chiron, no tarda mucho en entender la ecuación. Juan vende drogas, mamá es adicta a esas drogas y finaliza con la siguiente pregunta: ¿Qué es un maricón? A lo que Juan responde – maricón es una forma despectiva de llamar a alguien gay.

El segundo capítulo nos muestra a un Chiron (Ashton Sanders) joven, en plena adolescencia, callado y retraído, rodeado de abusos en la escuela y en su casa. Acudiendo a casa de Teresa en busca de paz, pero Juan a muerto.

Chiron busca perderse en la ciudad, en donde nadie lo ve, y donde puede llora y esconderse de todos. Pero justo ahí, en su soledad a la mitad de la playa es donde todo cambia al ser sorprendido por Kevin (Jharrel Jerome), su amigo de la infancia, quien también ya tiene su propia concepción de la vida y el amor. Esa noche Kevin y Chiron tras compartir un porro frente al mar también compartirán un momento de intimidad. Lo ocurrido entre los dos no facilita las cosas, debido a que el chico abusivo de la escuela le pide a Kevin que golpee a Chiron, Kevin sabe que no tiene opción. Tras la golpiza propinada por él y los demás abusadores, Chiron decide tomar cartas en el asunto y desquitarse con el abusador, lo que termina en tragedia, debido a que Chiron es consignado a la autoridad y procesado por los hechos. El cruce de miradas entre Kevin y Chiron, mientras es custodiado hacia la patrulla, es la última escena de este capítulo.

En el capítulo final vemos a Black (el nuevo apodo de Chiron) un rudo y corpulento dealer de Atlanta. Black (Trevante Rhodes) que vive solo y exige cuentas justas a sus distribuidores. Es temido y respetado a la vez.

Tras una llamada a media noche en la que Kevin (André Holland) le hace la invitación de prepararle una cena si lo visita en Miami. Chiron aparece en la cafetería que Kevin atiende. Él, le narra su vida y le prepara una rica cena e intercambian anécdotas y momentos importantes de su vida. Todo esto para luego dirigirse a casa de Kevin a seguir la noche. Es ahí en donde Chrion finalmente se sincera con él.

El director es capaz de limar los arquetipos de una sociedad que orienta hacia direcciones específicas a cada uno de los personajes de esta historia, debido a que en otra historia veríamos a un dealer adoptando a un muchacho para convertirlo en su nuevo pupilo o matón. Pero Barry Jenkins decide mostrar un lado más humano dentro de una sociedad que devora. Juan es probablemente la clave en esta historia. Es quien siembra la luz al fondo del túnel existencial de Chiron.

El trabajo hecho en este largometraje resalta la sublimación de los momentos simbólicos de la película, haciendo de muchas escenas una bella imagen en medio de una situación deplorable y deprimente. Y acompañando a cada escena de la música correcta que va desde el Hip hop, R & B hasta música clásica.

El director muestra desde los ojos del niño (Chiron en este caso) la candidez en medio del caos. Y finalmente nos regala lo más real que puede generar un personaje con tales características. La miradas compasivas y afectivas de un hombre rudo engullido en una coraza de silencios.

Una película que elimina muchos de los arquetipos sociales distados por el consumismo y la televisión, invitando al espectador a conocer personajes más reales y humanos. En momentos complejos y violentos como los actuales.

La ganadora del Oscar, quizás deba este premio a lo convulcionada que está la sociedad norteamericana con el arribo de Trump al poder. Tal vez un respaldo a Obama el presidente saliente y otro hecho que pudo haber influenciado fue la «huelga» de Will Smith en la entrega anterior al nombrar que el Oscar «era demasiado blanco» en una queja para los pocos nominados de color que ha habido a lo largo de esta premiación, que sí, tiene mucho que ver con su momento histórico. Finalmente, el Oscar y la industria de cine del vecino país del norte, no deja de ser una gran propaganda del «american way of life».

Por Nayeli Lima

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