FESTIVAL DE CINE DE CARTAGENA: ESTO APENAS EMPIEZA

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POR: GONZALO “SAYO” HURTADO

Con una película inaugural que trajo a colación la firma de la paz entre el gobierno y las FARC, se echó a andar la edición 57 de la cita cinematográfica más importante de Colombia

Con un pasado colonial que se ha convertido en su sello característico, la ciudad de Cartagena de Indias convoca a pesar de sus 28º de temperatura a cientos de cineastas, actores y periodistas ávidos de disfrutar de las 165 películas que se presentan a lo largo de 6 días. Pero si alguno recuerda que la ciudad era el escenario de Dos bribones tras la esmeralda perdida (1985) de Robert Zemeckis, pues desengáñense, ya que la cinta se rodó en el puerto mexicano de Veracruz e incluso una secuencia en el barrio defeño de Coyoacán. Una referencia más acertada es Queimada (1969) de Gillo Pontecorvo, quien usó a la ciudad Heroica para representar a una isla antillana blanco del filibustero William Walker (Marlon Brando). ¿Pero hay alguna historia que represente fielmente a Cartagena? Un reto que ni siquiera adaptaciones del gran Gabriel García Márquez han podido llevar a buen puerto, ya que ni Crónica de una muerte anunciada (1987) de Francesco Rosi ni El amor en los tiempos del cólera (2007) de Mike Newell dieron la talla al desvirtuar la esencia del lugar en medio de castings dominados por actores italianos, españoles, griegos, franceses y estadounidenses.

Sobre la inauguración

El Centro de Convenciones de Cartagena rebosó de público para la presentación oficial de El silencio de los fusiles (Col) de Natalia Orozco, documental que hace el seguimiento a toda la negociación entre el gobierno de Juan Manuel Santos y la guerrilla de las FARC para llegar a un histórico acuerdo de paz. La presencia del primer mandatario fue aplaudida fervorosamente y dio trabajo a su cuerpo de seguridad al ser requerido por la prensa local. Su discurso cerró con un contundente: “Paz es la película que Colombia necesita realizar”, propósito encomiable en el que un servidor está de acuerdo. Pero entrando de lleno a lo cinematográfico, si bien la película muestra momentos polémicos tanto para el gobierno como para los líderes guerrilleros (la peor parte se la llevó el expresidente Uribe, abucheado sin piedad por los asistentes en una aparición de archivo), lo cierto es que el formato se sintió más afín con la televisión y con más vocación de saludo a la presidencia a pesar de contar con testimonios emotivos de un lado y del otro, además de tener un cierre abrupto que se saltó detalles del plebiscito por el sí y el no y el respaldo con el Nóbel de la Paz.

Lina Rodríguez, directora general del Festival y Natalia Orozco, directora de El silencio de los fusiles

Presidente Juan Manuel Santos

La competencia en sí

Las proyecciones del jueves 2 dejaron un saldo desigual en la competencia de ficción. Los decentes (Arg) de Lukas Valente Rinner abrió el día, pero decepcionó en su cruce entre comedia contemplativa y humor negro tirado a la anarquía absoluta en el último tercio. Así, Belén (Iride Mockert), una joven que por necesidad económica se convierte en sirvienta de una disfuncional familia aristocrática de un típico country, se desdibuja a medida que hace contacto con una comunidad vecina dedicada al nudismo, en un giro tan incoherente como delirante. Por su parte, Adiós entusiasmo (Arg/Col) de Vladimir Durán sirvió un menú intrigante y detallista al recrear un núcleo familiar en un departamento porteño en el que la madre vive recluida en su habitación por problemas de personalidad, en tanto que los jóvenes hijos llevan sus vidas alrededor de juegos y alegorías grupales en las que rompen con las formalidades. En un arrebato de audacia, el director lleva esa dinámica para cuestionar los mismos espacios físicos del hogar, exacerbando el sentido del absurdo que invade a la historia. En esta sección también destacan títulos importantes ya vistos en otros festivales como Mimosas (Fra/Esp/Marr) de Oliver Laxe, El auge del humano (Arg/Bra) de Eduardo Williams y El Cristo Ciego de Christopher Murray, que sin duda marcarán la pauta al momento de tomar la decisión final.

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Adiós entusiasmo de Lukas Valenta Rinner

En la Competencia colombiana, fue grato el visionado de Tormentero (Col/Mex) del mexicano Rubén Ímaz, quien apelando a una fotografía introspectiva en texturas y colores y a una banda sonora etérea, configura una atmósfera que entre amarga y onírica nos lleva más que a una narrativa convencional a un juego de sensaciones para acercarnos a la vida de un viejo pescador (José Carlos Ruiz), quien al descubrir una mancha de petróleo en el océano, pone en alerta sobre el hallazgo de uno de los yacimientos más ricos en la historia de México. Por supuesto, la figura del personaje real es solo la excusa para entrar en sus estados de ánimo más que buscar un biopic a pie juntillas.

El otro título fundamental en esta sección es X500 (Col/Mex/Can) de Juan Andrés Arango, exhibida en San Sebastián y Los Cabos, con un tríptico sobre marginalidad, crisis de identidad y valores en formación y/o cuestionamiento que transita entre Colombia, México y Filipinas. Cruda y recargada, es probable que el episodio mexicano con un muchacho indígena que encuentra un desfogue a su homosexualidad al integrarse a una pandilla punk sea el más logrado.

En los días siguientes tendremos charlas con el actor francés Vincent Cassel y el director tailandés Apichatpong Weerasethakul, personalidades con experiencias disimiles y valiosas cuyos respectivos Master Class prometen colmar el interés del evento.




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