Frantz

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Frantz es el nombre de un soldado alemán muerto que es devotamente visitado en su sepulcro por Anna, el amor de su vida, quien vive en un depresivo limbo, pues se quedó a la espera de su regreso para casarse, hasta la misteriosa llegada de un colega soldado francés, Adrien Rivoire, que conoció al fantasma en la guerra. Ahora, la chica vive con sus suegros de espíritu: un atormentado médico de nombre Hans Hoffmeister y Magda, la mujer de éste, una bonachona alemana dispuesta a dejar ir al hijo siniestrado. Es así que, Rivoire entra en contacto con la familia de un hombre que lo tiene obsesionado desde su primer encuentro en una Segunda Guerra que ya ha terminado, pero tan sólo en el papel, pues los rencores acumulados siguen presentes en la tristísima vida muchos sobrevivientes igualmente espectrales que ocupan las calles de las lastimadas ciudades europeas.

No obstante, la cercanía y reflejo que el militar francés causan en la familia de su antes enemigo trastoca los sentimientos encontrados de los deudos, quienes, poco a poco, se ven víctimas del encanto del soldado galo, probablemente por ser portador de los últimos recuerdos del que ya no regresará, por su capacidad de hacer llorar al violín o por el continuo y perturbador lamento que Rivoire manifiesta sobre la nostalgia de lo vivido al lado de la víctima de la guerra. Desde luego, mediante el irremediable secreto que el taciturno joven francés porta en la punta de la lengua y que siempre amenaza con escapársele en cualquier momento.

En la que viene a ser, muy probablemente, su obra cumbre, el autor total siempre portador de la voz femenina del cine francés contemporáneo, François Ozon (Joven y bella, 2013), entrega su épica más lograda con una, por momentos, iridiscente luz cinefotográfica de Pascal Marti (Rosario Tijeras, 2005), una lograda banda sonora de Philippe Rombi, pero, sobre todo de excelsas actuaciones de todos sus grandes intérpretes, en una cinta que es ya homenaje absoluto al toque austriaco de Michael Curtiz en su Casablanca (1942); pero sin el romanticismo excelso de aquella obra máxima, sino, por el contrario, con toda la abundante carga de tristeza que puede dejar el aplastante paso de la guerra en personajes que sólo alcanzan un poco de paz cuando creen sentir a sus muertos en el cementerio.

Relatada en blanco y negro, Frantz pasará a la historia como obra suprema en referencia directa al cine de la postguerra más elegante, el más sutil y, también, el más doloroso legado por la cinematografía francesa reciente.

Una obra maestra.

Dirigida por François Ozon

Pierre NineyPaula BeerErnst Stötzner

1h 53

B




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