UN PAPA DE PELÍCULA

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POR: GONZALO “SAYO” HURTADO

La llegada del Papa Francisco (o Jorge Mario Bergoglio como reza su nombre de pila) a Chile y Perú, nos motiva a recordar aquellas películas que han tenido como tema central a un Sumo Pontífice o que han tenido alguna memorable aparición de esta autoridad eclesiástica en ellas. Aquí el recuento obligado

LA AGONÍA Y EL ÉXTASIS (1965) (EEUU / Ita) de Carol Reed: Solamente un actor del carácter del inglés Rex Harrison podía meterse en la piel de Julio II, conocido como el “Papa Guerrero” debido a que se comportaba más como un estadista y un jefe militar que como una autoridad religiosa durante la Italia renacentista. En esta super producción, al buen Julio se le mete en la cabeza la idea de erigir la Basílica de San Pedro, convocando para ello al gran artista Miguel Ángel Buonarroti (hasta aquí, es ocioso citar a la Capilla Sixtina), encarnado por otro peso pesado como Charlton Heston. De este choque de personalidades, solo podía quedar un clásico inolvidable.

 

LAS SANDALIAS DEL PESCADOR (1968) (EEUU) de Anthony Anderson: En plena Guerra Fría, el obispo ucraniano Kiril Pavlovich Lakota (encarnado por el mexicano Anthony Quinn), es liberado de su cautiverio en la URSS y reintegrado al Vaticano. Sorprendentemente, termina siendo ungido como el Papa Cirilo I, viéndose en medio de una inminente guerra mundial entre EE UU y la URSS aliada con China. Por supuesto, toda la trama es una ficción elucubrada por el escritor Morris L. West, cuyo momento cumbre llega cuando el nuevo Papa se toma la libertad de anunciar que la iglesia destinará sus tesoros al bienestar de los pobres. Lo que pudiera pasarle al Sumo Pontífice tras tamaño anuncio, podría encontrar réplicas en la vida real. Basta con revisar la que pasó con Juan Pablo I, lo que será motivo de comentarios en la reseña de El Padrino III.

 

JUEGO SUCIO (1978) (EEUU) de Colin Higgins: Si Bud Spencer y Terence Hill fueron una pareja consagrada de la comedia y el western en los 70s, Chevy Chase y Goldie Hawn lo fueron en los romances disparatados. Esta vez, la despistada rubia se ve involucrada sin querer en un complot para asesinar al Papa durante una ópera en Nueva York, siendo ayudada por un detective tan torpe como ella. Por supuesto, todo se resuelve a balazos y los cadáveres de un sicario y un policía quedan colgados accidentalmente en la escenografía, lo que provoca un aplauso de pie del Sumo Pontífice, escena que fue muy criticada por los fieles y beatas de la época en la sala de barrio a la que me tocó asistir.

 

DE UN PAÍS LEJANO (1981) (Ita/Ing/Pol) de Krzysztof Zanussi: Con ocasión de la visita de Juan Pablo II a Venezuela, Ecuador y Perú en 1985, esta película fue programada en salas limeñas para acrecentar el fervor religioso. A pesar de ser dirigida por un director laureado en Cannes como Krzysztof Zanussi, no deja de sentirse como una película por encargo. El ritmo cansino y la necesidad de hacer apuntes constantes con una voz en off para contextualizar cada momento, crean un tedio cuyo interés solo puede ser mantenido por alguien con mucha fe.

 

ESCARLATA Y NEGRO (1983) (EEUU/Ing/Ita) de Jerry London: Telefilme de buena factura recreando la invasión nazi de Roma durante la Segunda Guerra Mundial, cuando a pesar de ello, la neutralidad del estado del Vaticano fue respetada por los invasores. Destaca aquí el rol del Papa Pio XII (Sir John Gielgud lo interpreta con gran sobriedad), quién en medio de la controversia, hizo esfuerzos por ayudar a la comunidad judía y a soldados fugitivos. Esta labor se personaliza en Monseñor O’Flaherty (Gregory Peck), mientras que el jefe nazi a cargo lo era el diabólico Coronel Kappler (Christopher Plummer). Todo un casting de lujo y la banda sonora a cargo de Ennio Morricone.

 

POPE JOHN PAUL II (1984) (EEUU) de Herbert Wise: Otra película por encargo, pero esta vez con un actor de fuste como Albert Finney encarnando a Juan Pablo II, desde su etapa activista en su natal Polonia hasta que es ungido como nuevo jerarca de la iglesia católica en 1978.

 

SAVING GRACE (1986) (EEUU) de Robert M. Young: El joven Papa Leo XIV (Tom Conti) no se siente cómodo desde su protocolar investidura, por lo que decide salir del Vaticano sin avisar a sus obispos, cayendo en la tentación de darse un baño de pueblo y hacerse pasar por un ciudadano común para conocer de cerca las necesidades de sus feligreses. Bienintencionada y altruista historia para verla un domingo comiendo dulces.

 

EL NIÑO Y EL PAPA (1986) (Mex/Col) de Roberto Castaño: Tras el terremoto que sacudió a México en 1985, una productora elucubró una historia que ni al mismo Raúl Velasco o algún tótem de Televisa se le hubiera ocurrido. Tras el cataclismo, un niño no puede ubicar a su madre (la candorosa Verónica Castro, víctima de amnesia). Desesperado, una estatua del Papa Juan Pablo II le devuelve la esperanza y como quien no quiere, se da un salto como polizón en un avión hasta Colombia, donde el Sumo Pontífice está de gira, entusiasmado conque el buen hombre lo ayude a encontrar a su progenitora. El cubano Andrés García hace del galán de turno, quien parece que también le pidió una gracia al Papa, ya que se hace de los favores de la Castro.

 

¿Y DÓNDE ESTÁ EL EXORCISTA? (1990) (EEUU) de Bob Logan: La cuota delirante se pone de manifiesto con esta desabrida comedia anclada en la fama de Leslie Nielsen desde ¿Y dónde está el policía? Esta vez, el actor es un religioso empeñado en librar a un ama de casa (Linda Blair, la misma de El Exorcista, nada menos) al ser poseída por el demonio. Ningún método será suficiente, por lo que en el momento cumbre de la película decide utilizar el rock, improvisando una banda nada menos que con el Papa en el bajo y el Dalai Lama en los teclados. Urgente visionarla si están seguros qué no tienen nada bueno que hacer.

 

EL PADRINO III (1990) (EEUU) de Francis Ford Coppola: Las deudas originadas por los muchos fracasos de la productora American Zoetrope, propiedad de Coppola, lo obligaron a echar mano de su infalible franquicia sobre la familia Corleone. Esta vez, su guionista de cabecera, Mario Puzo, continuó el legado familiar varias décadas después, usando en parte el bestseller Muerte en el Vaticano de M. Sevigny y M. Serral, quienes elaboraron una ficción que entrelazaba los malos manejos del banco del Vaticano con la muerte de Juan Pablo I, quién al anunciar reformas en la jerarquía de la iglesia, como dejar de lado los tesoros de la misma, murió sospechosamente a los 33 días de haber sido proclamado Papa. La circunstancia y las muertes asociadas a las turbias finanzas del Vaticano, dejaron más de una sombra de duda, tal como se ve en la película. Sobre los autores, sufrieron el escarnio de la iglesia, a tal punto, que es muy difícil encontrar un ejemplar de la polémica obra. Amén.

 

EL BAÑO DEL PAPA (2007) (Uru) de César Charlone y Enrique Fernández: En 1988, ante el anuncio de la visita del Papa Juan Pablo II a Brasil, la localidad de Melo en Uruguay será el punto de paso obligado para todos los fieles provenientes de Argentina y que serán miles. Inmediatamente, los locales elucubran diversos negocios para satisfacer a la masa en ciernes: como venta de choripanes a mansalva. Sin embargo, Beto, un contrabandista de poca monta, planea algo revolucionario: construir un baño para darle servicio a los necesitados peregrinos y obtener pingües ganancias. Con toda la fe puesta en la ayuda celestial del Sumo Pontífice, Beto se estrellará con la realidad más cruel al salir todo mal el esperado día, y por supuesto, pueden suponer a quién hará culpable de todas sus desgracias. Una pista: se viste de blanco.

 

HABEMUS PAPAM (2011) (Ita/Fra) de Nanni Moretti: Solamente un genio de la comedia cotidiana como Moretti podría haber concebido una mirada tan humana sobre la figura papal. Un cardenal (Michel Piccoli) entra en pánico al ser elegido como nuevo Papa, siendo patente la crisis cuando el día de su presentación oficial no soporta semejante responsabilidad ante el público y las autoridades eclesiásticas. Así pues, un psicólogo experto (el mismo Moretti) es convocado para hacer entrar en razón al descreído hombre, quien se siente incapaz de asumir tremenda carga sobre sí mismo. Aunque las autoridades del Vaticano no expresaron disgusto por la película, la misma fue un anticipo real de lo que pasó con Benedicto XVI en 2013, cuando por primera vez, un Papa dio un paso al costado y dejó de lado su investidura en vida.

 

FRANCISCO, EL PADRE JORGE (2015) (Arg) de Beda Docampo Feijoo: Finalmente, cuando el Santo Padre viene del corazón de la misma Argentina, este biopic de turno tampoco saca partido a la buena tradición del cine de ese país, y más bien se amarra a fórmulas convencionales, a un bombardeo intermitente de información, personajes acartonados y a una historia que avanza más por lo que se dice que por la acción de sus propios intérpretes, y eso que tenemos como protagonista a un buen actor como Darío Grandinetti. Ni modo, habrá que esperar un buen tiempo a ver si algún cineasta experimentado se atreve a acercarnos al perfil mas humano de Jorge Bergoglio.




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