FESTIVAL DE CINE DE CARTAGENA 2018: Y ASÍ VA LA SEMANA

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TEXTO Y FOTOS: GONZALO “SAYO” HURTADO

Con la proyección del documental The Smiling Lombana de Daniela Abad, dio inició con gran suceso la edición 58 del festival más longevo de Latinoamérica.

No fue nada extraño volver a contar con el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, para la inauguración del FICCI. Si el año pasado el inicio del evento tuvo un tinte político al ser presentado el documental El silencio de los fusiles, con un seguimiento sobre la firma de la paz con las FARC, esta vez el tema central fue la figura de Tito Lombana, artista plástico tan talentoso como excéntrico, y cuya biografía fue todo un devenir a la Colombia que salía de la violencia política de los 50s y los acontecimientos que antecedieron al surgir de los principales cárteles de la droga en los 70s. La directora, Daniela Abad, nieta del protagonista, no tuvo tapujos en conseguir un retrato tan polémico como revelador en The Smiling Lombana, siendo una carta importante en la categoría documental. De lo que cualquiera hubiera supuesto como una crónica familiar pintoresca anclada en la personalidad rebelde y disconforme de su protagonista, termina surgiendo la raíz del narcotráfico detrás de una falsa subversión al establishment que terminó desangrando al país de la mano de los señores de la droga. La directora no justifica ni engrandece la memoria de su abuelo, pero si usa la historia como bisagra para la interpretación del momento que vivió su país desde los recuerdos familiares más íntimos.

Documental The Smiling Lombana de Daniela Abad

El presidente Santos demostró durante la ceremonia ser un cinéfilo consumado, ya que a decir de él mismo: “Soy el único mandatario de este país que ha estado presente en casi todas las ediciones de este festival”. Además, a manera de despedida, sentenció: “En cuanto al cine, la casa que dejamos no está solo pintada –citando una frase de la película La Estrategia del Caracol–. La casa que dejamos está habitable, tiene espacio para todos, y solo espero que los nuevos inquilinos la traten con respeto y amor, y no echen abajo las mejoras”, afirmó

Presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, en la inauguración del FICCI 2018

Pero la presencia que acaparó la atención general fue la de la actriz británica Tilda Swinton, cuya sencillez y carisma por el público, motivó grandes esfuerzos de los organizadores para ordenar a la masa humana que le solicitó selfies al término de la ceremonia. Prueba de ello fue el lleno total que tuvo su conferencia con el público el viernes 2, donde el aforo de la Oficina de la Cooperación Española se vio colmado rápidamente.

Directora Daniela Abad y actriz Tilda Swinton

EL INICIO DE LA SEMANA

Las funciones del jueves 1 fueron, literalmente, una sucesión de pesos pesados. La primera película en echar fuegos en la competencia oficial de ficción fue La telenovela errante (Chi) de Raoul Ruiz y Valeria Sarmiento, historia que se filmó en 1990 y que fue editada en 2017. Se trata de un ejercicio de absoluta ironía, en el que desde los clichés y las convenciones de la telenovela latinoamericana, se hace una ácida crítica tanto al género como a diversos aspectos de la realidad chilena. El sentido de absurdo de la propuesta redunda en temas como el crecimiento económico, la violencia política, el choque de clases y el desencanto ideológico. La suma de todas las situaciones a lo largo de una semana, supone una mirada fresca y desenfadada a ese Chile que despertaba al mundo como la gran promesa de desarrollo económico en la región, idea de prosperidad que, por cierto, el guión de Ruíz hace escarnio con un singular sentido del surrealismo que rompe furibundamente con la linealidad del cine sureño de aquel entonces.

 

La siguiente función estuvo a cargo de Cocote (Rep. Dominicana) de Nelson Carlo de Los Santos, historia en la que se entremezclan desigualdad social, pobreza, religiosidad y violencia marginal en medio de una puesta en escena en la que los tiempos se pausan y el caos y la angustia se apoderan de la narración para connotar la crisis de Alberto (Vicente Santos), un limpiador de piscinas de Santo Domingo que regresa a su pueblo natal a visitar a su familia tras el asesinato de su padre. En adelante, su formación cristiana se verá confrontada a la de los suyos, imbuida en la santería, y que desata las iras santas de la comunidad. Lo más sorprendente de esta producción es su manejo del punto de vista, con una cámara que en momentos puntuales es intimista y en otros se distancia para observar el caos reinante, dejando en claro que una historia que convencionalmente pudo ser lineal, se ve enriquecida por la capacidad expresiva de su realizador, que observa a sus personajes para sugerir sus muchas dimensiones es lugar de hacerlos evidentes a pesar de lo visceral de sus diálogos.

 

Con Las herederas (Par) de Marcelo Martinessi la valla continuó alta. Pocas veces una ficción de ese país ha demostrado una visión tan introspectiva sobre personajes que reflejan tanto una decadencia moral como económica. Así, asistimos al acto final en las vidas de Chela (Ana Brun) y Chiquita (Margarita Irun), una pareja de maduras aristócratas que aparte de padecer la sanción social por su relación, son víctimas de su propia anomia y deben vender sus últimos patrimonios para poder subsistir en la vieja casona que las alberga. El encarcelamiento por estafa de Chiquita le dará a Chela la cuota de reflexión suficiente para ver más allá de su propia condición, analizando a sus antiguas amigas y viendo a través de sus fracasos y frustraciones, la dimensión de su propia existencia, que refleja más a un fantasma del pasado y que sobrevive a través de unos pocos rituales que simbolizan la prosperidad perdida. No resultó nada exagerado que la Brun haya ganado a mejor actriz en Berlín.

 

El día cerró con la proyección de la polémica Bixa Travesti (Bra) de Kiko Goifman y Claudia Priscilla, un descarnado biopic documental que saca a la palestra la carrera de Linn da Quebrada, cantante y activista transexual, y cuyos números de apertura junto a su compañera Assucena pueden resultar virulentos tanto por su discurso visceral y reivindicatorio, así como por su despliegue groseramente provocativo en el escenario. Sin embargo, detrás de toda aquella verborrea, comienza a surgir el lado más íntimo del personaje, que a pesar de su evidente ego y vanidad, deja en claro tanto en las entrevistas como en las secuencias más cotidianas el porqué de su actitud, traducida como la respuesta a una vida de privaciones y segregación antes de alcanzar la fama. El personaje puede ser chirriante y causar disgusto, pero es evidente que a través de su crónica, tanto él como muchos de sus compañeros de condición adquieren una dimensión mucho más humana. El documental acierta en esa mirada y se reserva poco al momento de escarbar en su propia intimidad para acercarse más a él.

 

El viernes 2, la sección Gemas presentó una obra que tuvo que ser presentada ante el público con no pocas advertencias acerca de lo impactante de sus imágenes. En el documental Caniba de Lucien Castaing-Taylor y Verena Paravel (los mismos autores del celebrado Leviathan en 2012), ambos realizadores ingresan a la intimidad de los hermanos Issei y Jun Sagawa. El primero fue autor de un célebre caso de asesinato y canibalismo contra una joven en Francia en 1981, pero debido a que fue diagnosticado erróneamente como víctima de una enfermedad terminal, los cargos le fueron desestimados y fue trasladado a Japón, donde vive como una celebridad a costa del terrible crimen que cometió. La cámara ausculta con gran detalle la fisonomía del asesino, pero en medio de sus desvaríos resulta forzado pretender filosofar sobre algún significado de un supuesto deseo canibalístico en el ser humano, cuando a lo que asistimos es más bien a la certificación de su propia demencia. El segundo acto con la presentación de su hermano Jun no resulta mejor, quien nos reserva un combo escalofriante con escenas de sus propias y salvajes torturas para satisfacer su masoquismo. Pocos momentos como las fotos de niñez de los hermanos da pie a un aliento más íntimo y reflexivo sobre su propia condición, pero ante la ausencia de la historia familiar que explique más sobre el entorno que los formó, cabe más la pregunta acerca de si tamaña exposición justifica artísticamente el intento de realizar un retrato de ambos sujetos o si responde más bien a un oportunismo que no hace sino darle una pantalla de privilegio a su naturaleza insana. Quedará para la polémica.

 

La siguiente función en la competencia documental supuso todo un contrapunto con Muchos hijos, un mono y un castillo (Esp) del actor devenido en director, Gustavo Salmerón, quien explora en su propio entorno familiar para poner a su madre, Julita, como el centro de un relato que inicia como un documental que funciona más como una comedia costumbrista gracias a la espontánea vocación histriónica de su progenitora, que resulta dicharachera, mordaz y burda ante la cámara en mano de Súper 8 al momento de exponer su vocación de acumuladora de bienes, la misma que ha sido alimentada por el hecho de haber heredado un castillo, nada menos, y que encierra una gran ironía en sí, ya que su propia dueña se confiesa anti monarquista, pero termina siendo la soberana de su propio reino. Sin embargo, la crisis económica y las muchas deudas obligan a la familia a ceder dicho hogar al banco y emprender la titánica tarea de mudar todos los enseres -que no son pocos- y enfrentar la negativa de Julita, que se niega a deshacerse de ellos. La película no se queda en la risa fácil y es en las circunstancias más adversas donde ingresamos a las capas más íntimas de la historia para hacernos cabal idea del drama que se esconde detrás de la irónica faceta de la matriarca. Ganador a mejor documental en los Goya, su conexión con el público supera las barreras culturales de un entorno tan particular como el español.

Así pues, quedó de manifiesto la nutrida y ecléctica programación del FICCI, que ciertamente, se la juega por un espíritu de vanguardia y búsqueda y que ha llevado este año a traer a más invitados de lo habitual. Así, en los próximos días se sumarán a la visita de la británica Tilda Swinton, la directora argentina Lucrecia Martel, la actriz española Maribel Verdú el director francés Bruno Dumont y el actor norteamericano Owen Wilson. ¡Qué viva la democracia en el cine!




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