FESTIVAL DE CARTAGENA 2018: ÚLTIMAS APRECIACIONES

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POR: GONZALO “SAYO” HURTADO

De cara a la premiación que tendrá lugar esta noche, repasemos algunos títulos de la sección oficial, documental y colombiana.

SAL (Col) de William Vega: Las películas de este director apuntan siempre a una nación perdida en la que sus personajes se ven atrapados más allá de sus propias capacidades. Ya desde su obra anterior, La Sirga, quedaba claro que su universo es el desencanto y la desesperanza, pero esta vez su propósito es mayor al delinear una salida posible de aquel mundo que no tiene nada que ofrecer. Heraldo, un repartidor de comidas de un restaurante chino, quiere resolver el enigma de su padre ausente y buscarlo en una provincia perdida. El intento lo lleva a un accidente en moto que lo deja postrado y prisionero de un desierto que absorbe a la gente como un imán. Aquel lugar parece la prisión de hombres que han renunciado a la sociedad y bandoleros que quieren apropiarse de la sal, moneda de cambio de la que se hacen cual forajidos de Mad Max tras los últimos galones de gasolina. Pero cualquier referencia al road movie post apocalíptico queda solo en la ambientación de un mundo lejano y anacrónico, en el que sus propios protagonistas son conscientes que no vale la pena salir al exterior para descubrir algo peor: la realidad cotidiana. En paralelo, los migrantes chinos y empleadores de Heraldo, sueñan con volver a su hogar, compartiendo la sinrazón de vivir en un lugar al que no pertenecen, pero quedando la paradoja de sí realmente vale la pena regresar a las raíces. Sutil y sobria en su narración, Sal reflexiona sobre esos lugares ocultos que aluden al olvido y la indiferencia en nuestro continente y, que ciertamente, albergan a más de un hombre que ha renunciado a cualquier intento de redención posible. Gran carta en la competencia colombiana de ficción. *Competencia colombiana

 

LA CASA LOBO (Chi) de Cristóbal León y Joaquín Cociña: Este tándem de artistas plásticos se decantó por el riesgo y tomando como referencia los cuentos infantiles (que pueden resultar muy crueles) concibieron la historia de María, una niña que tras fugar de una villa alemana en Chile (basada en la tristemente recordada Colonia Dignidad), termina atrapada en una antigua casona de resonancias que van desde lo siniestro hasta lo político. Recurriendo a la antigua técnica del stop-motion, lo que empieza como un juego lúdico termina por configurar un espejo del mismo país desde su hechura “blanca”, insinuando la creación de una idea de proyecto nacional en torno a los conceptos raciales y al punto de vista de la extrema derecha. Con predilección por el terror gótico, el maridaje que La casa Lobo propone entre este género y la coyuntura social y política, saca a relucir un relato cuya mayor cuota terrorífica no lo supone su imaginativa capacidad para estremecernos, sino que su principal materia prima proviene justamente de su realidad más inmediata. El Lobo del relato, del que ya no se sabe en medio de los desvarios de su protagonista si es el villano o el héroe, termina asumiendo una terrible figura paterna que lleva las cosas al orden. Aunque las interpretaciones quedan al libre albedrío del espectador, es evidente que la película parte de un microcosmos que se adapta perfectamente para el análisis de ese Chile cuyo ingreso a la modernidad, ha tenido más de una ironía para sus propios artistas. Tuvo un celebrado paso durante la última edición de la Berlinale. *Competencia Oficial

 

O SUSSURRO DO JAGUAR (Bra/Col/Ale) de Simon(e) Jaikiriuma Paetau y Thais Guisasola: A pesar de que Cartagena tiene una muy cuidada programación, nunca ha de faltar un título que rompa el orden habitual. Eso fue precisamente lo que sucedió con esta película, que detrás de su coartada étnica/ambientalista/queer (suena extravagante, pero lo es), dejaba más en claro el querer ser un vehículo oportunista que el de mostrar una búsqueda cinematográfica. Una joven brasileña llega a la Amazonía con la intención de regar las cenizas de su hermano, muerto accidentalmente al huir de los guardianes de un campo de maíz transgénico, en donde él improvisaba una protesta que consistía nada menos que en sodomizarse con unas mazorcas. Semejante Leiv Motiv lleva a la hermana del occiso a sumergirse en una suerte de conexión con el llamado “espíritu de la selva” en múltiples formas que van desde el consumo de alucinógenos como la ancestral Ayahuasca, hasta la experimentación sexual con muchachas lesbianas y transgéneros, siendo el resultado de tan gratuita contemplación un cúmulo de escenas inconexas en las que no llega a sobresalir nunca el punto de vista de los realizadores, que queda literalmente al azar. Para coronar el cuadro, la protagonista se da siempre un tiempo para reflexionar sobre sus experiencias, saliendo a relucir una voz en off que pretende explicar todo aquello de lo que la película adolece y que no sugiere ni por asomo. Aunque el título resulta sugerente (de hecho, es lo mejor de la película) queda para la experiencia de muchos el por qué las premisas activistas no deben anteponerse al espíritu cinematográfico, teniendo como mejor testimonio el resultado presente. *Competencia colombiana

 

MATAR A JESÚS (Col) de Laura Mora: Referentes no faltan en el cine colombiano al momento de abordar el tema del sicariato y la violencia marginal en Medellín: desde La virgen de los sicarios (2000) de Barbet Schroeder hasta La vendedora de rosas (1998) de Víctor Gaviria. Esta vez, la directora parte de una tragedia personal para ponernos en la piel de una estudiante universitaria que es testigo del asesinato de su propio padre por un sicario en moto. El terrible suceso es presentado con tensión y dramatismo, agregando elementos que sugieren la corrupción a todo nivel conforme se desarrollan las investigaciones y la crisis económica a la que se ve expuesta la familia tras el crimen. Pero el verdadero vuelo de la película se da al comprobar la muchacha que las instancias legales para resolver el caso son poco menos que inútiles. Así, la búsqueda de la protagonista adquiere método para involucrarse en el bajo mundo y conseguir llegar hasta el culpable, a quien se acerca inocente y cándida mientras busca la manera de hacerse de una pistola para vengarse. Aunque se trata de una pieza bien ejecutada y lograda en el contexto criminal al que alude, es obvio que el resultado se vuelve previsible de cara a la resolución, aunque es bueno destacar los momentos de intimidad y cercanía entre la pareja que causan más de una duda en ella mientras prepara su objetivo. Matar a Jesús queda como un ejercicio de género de buena factura, pero a pesar de subrayar bien la problemática social en a que se desenvuelve, se resiente al no llegar a niveles mayores dentro de su apartado. *Competencia colombiana

 

PIRIPKURA (Bra) de Mariana Oliva, Renata Torre y Bruno Jorge: Conmovedor registro sobre el altruísta Jair Condor, quien desde 1988 mantiene contacto con los 2 últimos sobrevivientes de la tribu Piripkura: Pakyi y Tamandua, de cuya existencia debe dar cuenta al gobierno con pruebas cada 2 años, a fin de evitar que la selva donde habitan sea entregada a madereros y agricultores. El inicio de la expedición se siente tan delirante como lejana al tener lugar la búsqueda de los indígenas, ya que la misma se torna difícil y la posibilidad que ellos hayan muerto a manos de fascinerosos es latente. Pero es cuando el ansiado contacto con estos hombres diminutos tiene lugar, cuando nace el lado testimonial más comprometido de la película. La pareja sobreviviente resume una desigual lucha en la que ambos han desarrollado una asombrosa capacidad de interacción con la naturaleza, en contraste con su aparente fragilidad. El espíritu pragmático de las empresas se empeña en acabar con ellos para apropiarse del territorio, adquiriendo la figura de los nativos en medio de su sencillez, un espíritu de humanidad que evidentemente no tiene asidero desde la mirada empresarial y que, ciertamente, se pierde inexorablemente. *Competencia documental




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