Festival de Guadalajara, 2018: Analizando el palmarés

674

POR: GONZALO “SAYO” HURTADO

Terminada la edición 33 del FICG, comentamos acerca de los ganadores y el lado polémico que se dio a raíz de la conducta de un vocal de la Red Mexicana de Prensa de Cine AC.

DOCUMENTAL IBEROAMERICANO: Como siempre, la muestra documental fue abundante y variada. En ese devenir, el jurado le dio su preferencia al español Nicolás Combarro García y su obra Alberto García-Alix: La línea de la sombra, un formato intimista que ingresa en el fascinante trabajo de este fotógrafo que ha dejado huella no solo por su capacidad para marcar a toda una generación que se remonta a los 70s y la movida madrileña, sino por el hecho que su historia de vida es a su vez una crónica de su propio país bajo el filtro de su mirada poética y descarnadamente expresionista. El director Combarro, colaborador habitual de García-Alix en sus incursiones en el video, sigue fiel a esa línea de su observado para hacer de este retrato una extensión de su visión en el cine. Por supuesto, no faltaron en la sección otros perfiles con similar vocación como Saura (s) (Esp) de Félix Viscarret o Yo no me llamo Rubén Blades (Pan/Arg) de Abner Benaim. En ambos, se impone la presencia del entrevistado, cuya poderosa personalidad se siente en primer término como un agregado de lujo, aunque cabe destacar que es el primero el que rompe con mayor éxito las convenciones del género para acercarse al director español a través de un juego de conversaciones con su numerosa prole para llegar al alma del personaje, además de utilizar exitosamente recursos como un set con fotos y extractos de las películas de Carlos Saura que permiten un interesante ejercicio de revisión y memoria de su obra.

Director español Carlos Saura, homenajeado en el FICG y protagonista del documental Saura (s) de Félix Viscarret

El premio especial del jurado recayó en El espanto (Arg) de Pablo Aparo y Martín Bechimol, película que ya habíamos tenido oportunidad de visionar en la edición 2017 del Buenos Aires Festival de Cine Independiente (BAFICI), y cuya visión sobre un pueblo perdido de la Argentina en la que los pobladores prescinden de doctores para curar sus males apelando a estrambóticos rituales locales, encuentra un freno frente a una suerte de mal satánico al que llaman El espanto, y cuya cura aparentemente solo posee un anciano que vive retirado de todos ellos y al que -paradójicamente- le tienen tanto temor como al mal. Pero si había que exaltar miradas delirantes, ahí estaba Robar a Rodin (Chi) de Cristóbal Valenzuela, para graficar las estrambóticas idas y vueltas alrededor de una escultura de Rodin en un museo chileno en 2005 y que, ciertamente, superaba a la producción argentina si de buscar visiones excéntricas de la realidad, se trataba.

Pablo Aparo y Martín Benchimol, ganadores de mención honrosa en documental iberoamericano por El espanto (Arg)

COMPETENCIA IBEROAMERICANA DE FICCIÓN

Con un jurado de pesos pesados (El uruguayo Rodrigo Plá, el mexicano Rubén Imaz, la catalana Carla Simón y el cubano Vladimir Cruz), la mejor película de la competencia se fue con Matar a Jesús (Col) de Laura Mora, producción que ya comentamos en las crónicas sobre el Festival de Cartagena, donde se hizo del premio de público. Ejercicio de género eficaz y bien producido que trae de nuevo el tema del sicariato en Medellín, ciertamente la solidez de su andamiaje y el buen trabajo con actores no profesionales le aseguró el galardón principal, además del de mejor actor para Giovanny Rodríguez, que le fue entregado Ex Aequo con Luis Gerardo Méndez por Tiempo compartido de Sebastián Hofmann, en una actuación que ciertamente lo alejan de los roles estereotípicos que han caracterizado gran parte de su carrera.

Diego Ramírez, productor de Matar a Jesús (Col), mejor película y mejor actor en Competencia de Ficción Iberoamericana

Luis Gerardo Méndez, mejor actor en Competencia Iberoamericana de ficción por Tiempo compartido (Mex)

Para el rubro a mejor actriz, estaba más que cantado el triunfo de Sofía Gala como una sufrida prostituta bonaerense en Alanis de Ahaní Berneri. La dupla actriz/directora repitió el palmarés que se llevó en la última edición de San Sebastián, y siendo justos, la única competencia que la intérprete argentina tenía en esta sección lo eran la boliviana Andrea Camponovo de Eugenia y la costarricense Eugenia Chaverri por Violeta, al fin, pero lo cierto es que la actuación de la argentina resultó mucho más intensa.

La que tampoco se fue con las manos vacías fue la producción peruana Wiñaypacha de Óscar Catacora. Si ya el día anterior se habían hecho del Premio FEISAL, esta vez obtuvieron con justicia el premio a la mejor fotografía (los paisajes andinos no cayeron en el facilismo de la postal preciosista) y a Ópera Prima por lo arriesgado de su propuesta al registrar los últimos días de una pareja de ancianos campesinos en una región perdida de los Andes. En la última edición del Festival de Lima llamó la atención que esta película no entrara a la competencia oficial y fuera enviada a la sección Hecho en el Perú.

El director Óscar Catacora recibe del jurado Rubén Imaz el premio a Mejor Ópera Prima por Wiñaypacha (Per) en la Competencia Iberoamericana de ficción.

Director Óscar Catacora, ganador a Mejor Ópera Prima y mejor fotografía en la Competencia Iberoamericana de ficción por Wiñaypacha (Per)

Finalmente, el guión se lo adjudicó Eugenia de Martin Boulocq (Bol), película que no dejó de sorprender por su registro intimista alrededor de una mujer separada que busca rehacer su vida, chocando en cada intento (con una envidiable sutileza) con el machismo enraizado fuertemente en la sociedad boliviana, matizando el relato con momentos de fuga de inspiración surrealista al recrear una película adentro de otra. Sin duda, una temática que resulta inusual en la cinematografía de ese país y que saludamos gratamente.

Director Martín Boulocq, Mejor Guión en Competencia Iberoamericana de ficción por Eugenia (Bol).

PREMIO MEZCAL

La sección reservada al cine mexicano es la más nutrida en largometrajes (20 títulos, nada menos), pero se percibe desigual al distanciarse claramente un grupo de títulos (4 ó 5), resintiéndose un tanto el resto, sobre todo las propuestas documentales en las que prima el deseo de elevar historias familiares, ya que en el contexto de dicha temática, no todas las películas resultan trascendentes. Así, la ficción resultó la gran ganadora al consagrarse como mejor película Restos de viento de Jimena Montemayor, además de llevarse la mejor dirección. Basada en un episodio autobiográfico de la propia directora, la historia cruza los sentimientos de una pareja de hermanos, quienes deben ayudar a su madre a sobrellevar la partida del padre de ambos, mientras intentan calzar sus sentimientos en una nueva idea de hogar. Con un tono que une el drama cotidiano con un ligero halo de onirismo, esta propuesta calzó más en los jurados que la otra ficción que venía dando que hablar, Ocho de cada diez de Sergio Umansky, que era definitivamente la película más atrevida y descarnada por su acercamiento a la realidad mexicana, pero a la que le reservaron las preseas de actuación (inmejorable trabajo de Noé Hernández y Daniela Schmidt). Así, Tiempo compartido tuvo que conformarse con lo ganado en la categoría de ficción iberoamericana, ya que en esta sección no pudo cosechar más ante el embate de las 2 ficciones nombradas.

Jimena Montemayor ganó en Mejor Película y Dirección por Restos de viento (Mex) en el Premio Mezcal.

Noé Hernández, Mejor Actor en Competencia Mezcal por Ocho de cada diez (Mex).

Daniela Schmidt, Mejor Actriz en Competencia Mezcal por Ocho de cada diez (Mex).

El premio de mejor fotografía se lo llevó La Negrada de Jorge Pérez Solano, película que es la primera en retratar los conflictos sociales y culturales de las comunidades afromexicanas de Oaxaca, negadas históricamente del imaginario cinematográfico de la nación charra. Aunque la película se percibe que queda más en intenciones a pesar de buscar naturalismo en actores no profesionales del mismo lugar, el trabajo fotográfico resultó más que logrado, por lo que el reconocimiento no podía ser más justo. En el conjunto, quedó la sensación que documentales como Hermanos de Laura Plancarte o Un filósofo en la arena de Aarón Fernández y Jesús Muñoz, merecieron llevarse algo. En el caso del primero, tuvo sentido de riesgo al retratar el tema de la migración mexicana en EE UU con un mosaico de testimonios desde los mismos mexicanos y sus pares de clase baja estadounidense, mientras que el segundo tocó un tema más que incómodo, al mostrar el punto de vista de un amante de la tauromaquia y su desazón al comprobar como esta cuestionada cultura se haya en retroceso debido a la acción activista en su contra. Como era de esperarse, en el caso del premio de público, se impuso el documental Ayotzinapa, el paso de la tortuga de Enrique García Meza, que a pesar de percibirse incompleto en su faceta investigativa y dejar cabos sueltos en tan importante caso, movió fibras sensibles al tratarse de una tragedia cuyo castigo se encuentra pendiente y que al paso de los años, el estado mantiene una deuda con el justo clamor de los familiares de los normalistas fallecidos y desaparecidos.

César Gutiérrez Miranda, ganador a Mejor Fotografía en Competencia Mezcal por La Negrada (Mex).

    Enrique García Meza, ganador del Premio de público por el documental Ayotzinapa, el paso de la tortuga (Mex).

LOS “GUERREROS” DE LA PRENSA

Un día antes del anuncio del palmarés oficial del FICG 2018, la Red de Prensa Mexicana de Cine AC anunció los premios que vienen promoviendo hace ya varias ediciones. En el rubro a mejor película mexicana de ficción, la elegida fue Ocho de cada diez de Sergio Umansky, mientras que en mejor documental se optó por Ayotzinapa, el paso de la tortuga de Enrique García Meza. Curiosamente, al momento de entregar este último premio, el Sr. Juan Manuel Badillo, vocero de la Red, hizo saber que dicho organismo “se solidariza con los periodistas víctimas de la violencia en la República mexicana y la condenan”, tal como lo señaló el actor Gael García en un foro hace unos días. Nada de malo habría en semejante deseo sino fuera porque uno de los vocales de esta Red, el Sr. Jorge Caballero, la ejerce impunemente contra sus colegas en lo que supone un doble discurso que desdice los objetivos de una organización que debería promover la integración de sus miembros y no el conflicto.

Premio Guerrero de la Prensa

Quien suscribe esta nota hace cobertura de festivales en México desde el año 2011 y puedo preciarme de haber conocido en todo ese período a colegas de gran profesionalismo y entrega. Por supuesto, dentro del universo de la prensa siempre hay excepciones y por eso, vale aclarar que hace ya algún tiempo que el Sr. Caballero viene tomando una posición hostil para con mi persona, pretendiendo minimizarme con sus bravatas y desplantes y haciendo escarnio de mi condición de ciudadano peruano. Por supuesto, como nadie tiene porque soportar semejante trato, la cereza del pastel la puso este Señor durante la fiesta de inauguración del FICG, cuando al pretender seguir con sus ninguneos, no tuve más remedio que reclamarle airadamente, porque tengo derecho a indignarme y a ser tratado con respeto, más aún, cuando esta conducta se da delante de productores y relacionistas públicos con los que solemos interactuar.

La respuesta del Sr. Caballero fue una llave de karate que me lanzó contra el piso, deporte del que es asiduo prácticamente. Además, dada la voluminosa anatomía del sujeto en cuestión, dudo que yo haya sido una terrible amenaza contra su integridad física. En las horas siguientes, dicha persona empezó a jactarse delante de otros colegas de “haber sometido al peruano”, que “yo lo provoqué de la nada” porque seguramente “estaría ebrio” y que “nadie se mete con él”, sacando a relucir una oportuna memoria selectiva. Qué curiosa interpretación, porque recuerdo que fui testigo presencial en el Festival de Morelia 2014, cuando en la entrada a la fiesta de IMCINE, Matthias Ehrenberg, productor de Gloria (dirigida por Christian Keller), encaró al Sr. Caballero de mala manera y le palmeó el hombro sonoramente reclamándole por las preguntas incómodas que éste realizó en la conferencia de prensa. Por supuesto, tampoco avalo este acto, pero lo cierto es que el Sr. Caballero se alejó sumiso y asustado, con pocas ganas de defender “su honor” a pesar de los aires de “peleador” que lo caracterizan.

En mi carrera he cubierto festivales como Mar del Plata, BAFICI, Morelia, Cartagena y San Sebastián, entre otros, y jamás había tenido una experiencia de esta naturaleza. Lo más gracioso es que por allegados muy cercanos vengo a enterarme que el Sr. Caballero pretende hacer uso de alguna “influencia” para evitar que yo sea acreditado en ediciones posteriores en Guadalajara. Es decir, esta persona amedrenta, insulta, golpea y luego quiere ejercer derecho a veto, del mismo que se quejaba al no ser acreditado en el Festival de Guanajuato cuando invocaba la solidaridad de todos los colegas. Lamentablemente Sr. Caballero, ese deseo no se le va a cumplir ya que carece de ese poder, por lo que tendrá que seguir soportando mi presencia en los Premios Platino, Ariel, Fénix o el Festival de Morelia, donde estaremos gustosos de tomar nota de sus nuevas hazañas. Parece que el formar parte de la Red le da aires de grandeza cual Nerón de la prensa de cine, acostumbrado a autoalabarse y celebrarse, pero en ese afán solo se encebolla.

También quiero añadir que el Sr. Juan Manuel Badillo, con quien nunca he tenido ningún problema personal, en toda la semana del festival jamás se acercó a buscar conciliación alguna por este hecho, y que, por el contrario, optó por el silencio, siendo él consciente de la secuencia de todo esto antes de este último incidente. Es más, en la semana pude comprobar que me borró de su FB, si bien lo cual no va a producir una crisis emocional en mí, es en sí ya una posición frente a estas vergonzosas circunstancias. ¿No se supone que la Red está para tender puentes entre la comunidad cinematográfica?, ¿Estos son los liderazgos que quieren promover? Por todo lo mencionado, puedo decir orgullosamente que no pertenezco a la Red de Prensa Mexicana de Cine, organismo que de seguir con este tipo de discursos y conductas, terminará siendo poco menos que un “Club de Toby”, en el que más que prevalecer el deseo de representar a los colegas priman los apetitos personales de una directiva vitalicia, ya que no hay ahí ningún ánimo de desarrollar una labor democrática sino de disponer de una chacra en la que cualquiera que no comparta sus criterios, está en contra de ellos. En cuanto a Jorge Caballero, solo quiero puntualizar que su conducta matonesca y sus patanerías se desdicen con la mejor tradición de la prensa mexicana. Cuesta creer que un sujeto de estas características sea periodista de un diario progresista como La Jornada, bajo cuyo cobijo parece sentirse impune. No Señor, los dinosaurios ya no dominan la Tierra, así que no se sienta tan dueño del mundo. Esta será la última vez que en Cine para llevar nos referiremos a la Red de Prensa Mexicana de Cine AC, salvo que vuelvan a incurrir en atropellos contra nosotros o cualquier otro colega.

La Red Mexicana de Prensa de Cine AC en tiempos más felices




Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *