FESTIVAL BAFICI 2018: ASÍ VA LA SEMANA

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POR: GONZALO “SAYO” HURTADO

El Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires se viene realizando con una gran convocatoria de público. Como siempre, la programación nos ofrece -literalmente- de todo.

COMPETENCIA LATINOAMERICANA:

En esta categoría, sorprendió la aparición de Agujero negro (Ecu) de Diego Araujo, cuya propuesta de retratar a un escritor quiteño en caída libre, supone el ingreso a un imaginario literario pocas veces representado en la cinematografía ecuatoriana. La ópera prima de Araujo es solvente en la puesta en escena y la elección del blanco y negro resulta acertada para acentuar una mirada por momentos expresionista hacia su universo. El escritor de marras ha perdido la inspiración a medida que la estabilidad matrimonial y el nacimiento de su hijo se acercan. Pero es precisamente esa idea de equilibrio la que complota contra su propia naturaleza, saboteando él mismo su propio hogar entre excesos muchos y la tentación de una adolescente que, cual Lolita de Nabokov, encarna la pérdida de su propia inocencia. A pesar de ello, complota en contra de la película las divagaciones del protagonista, que rompen el ritmo de la historia y le hacen perder el centro mientras se regodea en la vorágine desatada.

Esta vez, no dejó de sorprender la presencia del documental, del que tenemos ejemplos de lo más variopinto como Un tal Eduardo (Uru) de Aldo Garay, quien se embarcó en la nada sencilla tarea de rendir homenaje a la emblemática banda uruguaya Los Iracundos, dejando de lado la tentación de contar una historia lineal amparada en la popularidad de la agrupación, para reunir a un grupo de pintorescos personajes que entre seguidores, familiares y amigos, ofrecen una mirada fresca, espontánea, emotiva y hasta extravagante que expone las claves que hicieron de estos músicos de una merecida fama continental. Un ejemplo con mayor atención en el retrato social lo brindó Lima en la piel (Per) de María José Moreno, que a través de un tríptico compuesto por el seguimiento a una anciana prostituta, una veterana pescadora de un muelle artesanal y una pareja de ancianos mimos, nos hace partícipes de una reflexión desde personajes que entre luchadores, idealistas y con un afán de salir adelante sin tapujos, son al mismo tiempo representantes de un tiempo perdido y de una Lima que encarna el otro lado de la modernidad. Esa visión sombría y alejada del mediatismo de las redes sociales, nos lleva a reflexionar cuanto del verdadero espíritu de la capital peruana se pierde al ignorar a estos luchadores, cuya crónica evita los excesos y el miserabilismo para rescatar la admirable dignidad con la que se desenvuelven.

María José Moreno, directora del documental Lima en la piel

En cambio, en La cuarta dimensión (Arg/Bol) de Francisco Bouzas, la mirada centrada en un exponente de la clásica murga argentina y que quiere desarrollar su quehacer en su natal Bolivia, evita mayores explicaciones y se sumerge en el delirio de su protagonista, dominado por hacer realidad su sueño graficado a través de numerosas coreografías, que lejos de insuflarle un aliento coral, muestran más bien el afán del realizador de refugiarse en una fórmula narrativa que termina por desgastar su propuesta por la reiteración de la misma.

 

COMPETENCIA ARGENTINA:

El apartado local también tuvo una sorprendente variedad documental, con notorios contrastes entre la densidad de un retrato tan intimista como minuciosamente introspectivo como el que ofrece Hernán Rosselli en Casa del teatro, en el que el pasado y presente de un anciano actor se confunden desde la senilidad y el deseo de seguir ejerciendo a pesar de su penosa condición junto a otros veteranos, o el testimonio crudo y duro de la intentona golpista de 1987 de los llamados “carapintadas” contra el presidente Raúl Alfonsín en Esto no es un golpe de Sergio Wolf, que a pesar de narrar con buen nervio los acontecimientos amparado en un nutrido archivo y buscando el timing adecuado regresando a muchos de los lugares donde tuvieron lugar los hechos, no deja de sentirse concebida con cierta formalidad que le resta sentido de riesgo a su propuesta.

Pero la película que se llevó el corazón del público resultó ser Foto estudio Luisita de Sol Miraglia y Hugo Manso, en lo que supone el rescate de un archivo fotográfico que desde una estética prácticamente churrigueresca, contiene a las grandes figuras del espectáculo y el entretenimiento argentino desde los 70s hasta el 2000. El modesto estudio que da nombre a la película y que es propiedad de una pareja de ancianas, reivindica a un colectivo que desde su modesto quehacer le puso un marco a la cultura de lo popular con comediantes, actores y vedettes que marcaron una época.

VANGUARDIA Y GÉNERO:

Esta sección tuvo gratas revelaciones así como trabajos más orientados a lo puramente experimental que ciertamente le restaban potencia a los géneros en sí. Fue grata la proyección de Te quiero tanto que no sé (Arg) de Lautaro García, quien a través del recorrido nocturno de Francisco (Matías Marra) se reencuentra con un Buenos Aires misterioso, taciturno, enigmático y entrañable, en el que acontecimientos aparentemente inconexos se van sumando para dar forma a un mosaico de sensaciones que configuran su visión de una ciudad distante y a la vez cercana. La presencia constante de un trovador de canciones populares contrasta con la atmósfera surreal del tour, que si bien deja en el saldo una película que no termina por redondear sus intenciones, si nos deja una propuesta de riesgo con un director a seguir en el futuro.

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Te quiero tanto que no sé de Lautaro García

Por su parte, Luz (Ale) de Tilman Singer expresó una vocación de rompimiento para acercarse al thriller con elementos tenebrosos y fantásticos para dar cuenta de las vicisitudes de una joven taxista, a quien persigue un espíritu deshumanizador que juega con su propia sexualidad y cuestiona los roles en sociedad. El resultado termina siendo tan extravagante como confuso, resultando patente que la historia reclama intérpretes de tal fuste que puedan hacer creíbles los múltiples giros en la personalidad y motivación de sus protagonistas, sometidos a una vorágine que no brinda respiro y que más allá de sus intenciones, parece refugiarse más en la coartada experimental y en la pirotecnia de su propio y caprichoso juego.

DERECHOS HUMANOS:

La rigidez de una sección centrada por lo general en el discurso, se rompió esta vez gracias a un documental en el que el riesgo narrativo se puso de manifiesto. El hermano de Miguel (Arg) de Mariano Minestrelli sacó a la luz un caso tan controversial como emotivo al indagar lo sucedido con Sergio Dicovsky en 1974, detenido y desaparecido por las fuerzas del orden, a la par que la familia del fallecido Coronel Jorge R. Ibarzabal lo señala como secuestrador y asesino del militar ese mismo año. El director Minestrelli pone de relieve las contradicciones y los cabos sueltos del caso al apelar a reconstrucciones hipotéticas, centrándose en la figura de Miguel, hermano de la víctima, junto a quien repasan el nutrido expediente para tratar de llegar a la verdad, mientras que en el lado opuesto, la hija de Ibarzabal se muestra ante los medios con pruebas poco aparentes sobre la supuesta culpabilidad de Jorge en la muerte de su padre. El dolor de ambos lados no es ignorado, pero si se cuestiona la manipulación de la información desde las mismas autoridades que lleva a conjeturas facilistas y antojadizas. Aún así, el problema sigue siendo el mismo: ¿Fue Sergio culpable del crimen tan solo por el hecho de ejercer militancia en una organización subversiva? Su desaparición durante el gobierno democrático de María Estela Martínez de Perón fue el terrible antecedente de lo que pasaría poco después durante la terrible dictadura militar que desangraría a toda una nación.




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