FESTIVAL DE CINE DE SAN SEBASTIÁN: LO MÁS SALTANTE

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Les presentamos el recuento con los títulos que más nos han llamado la atención a lo largo de la semana

POR: GONZALO “SAYO” HURTADO

SECCIÓN OFICIAL:

LE CAHIER NOIR (Fra/Por) de Valeria Sarmiento: Una mirada transversal a la sociedad francesa que ingresa a la revolución, la caída de los luises y el auge de la era napoleónica, todo a través de una historia que es un justo homenaje a las novelas de folletín, con una joven criada que es separada del niño que tiene a su cargo y supera romances, enfermedades, intrigas políticas y desaires sociales al buscarlo por años y comprobar como el drama de su vida va de la mano con los grandes cambios de la época. Notable dirección artística y minuciosa mirada de la directora chilena, que en el empeño por reflejar al género literario, incurre adrede en absurdos propios de él que dan fidelidad a su historia, pero que incomprendidos por parte del público, causaron en algunos momentos humor involuntario. Fuera de ese detalle, es un interesante acercamiento histórico desde el tamiz de una literatura en desuso, pero congruente con el universo representado.

 

HIGH LIFE (Fra/Ale/Ing/Pol/EEUU) de Claire Denis: Con un ritmo y atmósfera que por momentos evoca a Solaris (1971) de Andrei Tarkovsky y un espíritu siniestro propio del horror espacial que va desde toda la tradición de la clase B italiana e inglesa hasta Alien, el octavo pasajero (1979) de Ridley Scott o la misma Atmósfera Cero (1981) de Peter Hyams, la directora Denis evita ahondar en mayores explicaciones para documentar el triste destino de un grupo de astronautas a bordo de una suerte de basurero espacial (la forma de la nave da esa sensación), cuyos tripulantes son en su mayoría parias de la sociedad y se entiende que aquel es el destino que se les ha asignado. Al paso del tiempo, la desesperación, el deseo primitivo, obsesiones varias, endogamia y desvaríos comienzan a manifestarse y dan paso a una visceralidad pasmosa y chocante. A la ausencia de un ente alienígena que acaba con los individuos, surge un monstruo aun peor: la condición humana. Notable mirada a un género desde múltiples perspectivas.

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High Life de Claire Denis

 

ENTRE DOS AGUAS (Esp) de Isaki Lacuesta: Documental y ficción se amalgaman para seguir el derrotero de 2 hermanos gitanos (personajes de la vida real) y que no es sino la prolongación de La leyenda del tiempo (2006), trabajo también dirigido por Lacuesta. Al paso de los años, tanto Isra como Cheíto han tenido destinos disímiles: el primero ha purgado prisión por venta de drogas y el segundo ha servido en el ejército. El encuentro lejos de ser grato y conciliador, expone los desacuerdos familiares y la censura social en un contexto en el que el subempleo y la falta de oportunidades parece el destino irremediable de sus protagonistas. La magnitud del trasfondo social que emerge al calor de las discusiones resalta el buen nervio actoral del experimento, en el que Israel Gómez Romero sorprende con una caracterización más que destacable.

 

YULI (Esp/Cub/Ing/Ale) de Iciar Bollaín: Biopic del bailarín de ballet cubano Carlos Acosta, apodado Yuli, quien protagoniza su propia historia en una puesta en escena que se regocija visualmente con las coreografías que marcan los momentos importantes del artista (las evocaciones al cine de Carlos Saura de ese lado, son válidas), cuya historia de superación no deja de ser emotiva al retratar su increíble ascenso desde la golpeada sociedad cubana hasta llegar a convertirse en el primer bailarín negro del Royal Ballet de Londres. Aunque el guión no esquiva matices políticos controvertidos de la vida en Cuba, también es cierto que la película termina siendo prisionera de la emotividad que decanta la misma, siendo el balance final un ejercicio que pierde misterio y sugerencia en favor de una parábola de superación que, no por amable, pueda suponerse genial.

 

QUIÉN TE CANTARÁ (Esp/Fra) de Carlos Vermut: Si Pedro Almodóvar ha sido un reivindicador de la telenovela y el melodrama barato para configurar su propio universo desde ahí, Quién te cantará lejos de ser un homenaje al género es tan solo la reiteración -y no la reinterpretación- de los clichés del mismo. El tono chirriante y desmedido de sus personajes, sus dilemas puestos en boca sin sugerencia alguna, su maniqueo esteticismo visual y su atiborrante acompañamiento musical no hacen sino desear el pronto fin de su visionado.

 

PERLAS:

ZIMNA WOJNA (Pol/Ing/Fra) de Pawel Pawlikowski: La nueva obra del director polaco supone una notable madurez en su cine, que desde sus inicios se ha pulido por mostrar a sus personajes en conflicto permanente con un mundo en el que no suelen encajar. Aunque Ida (2013), la obra por la que ganó el Oscar a mejor película extranjera, fue muy celebrada a pesar de su conservadurismo y su intento de evocar formas buñuelianas que Pawlikoski niega tajantemente, era claro que no era la cumbre de su cine. En Zimna Wojna el sentido de riesgo es absolutamente superior y se vale de una historia que trasciende el tiempo para diseccionar a su patria desde la postguerra con una lectura atrevida y cuestionadora. Zula (Joanna Kulig) es una joven rebelde e iconoclasta que no cree en tabúes, mientras que Wiktor (Tomasz Kot) es miembro de un comité que busca talentos rurales para una compañía de canto nacional. Así, mientras las vidas de ambos se entrelazan, su relación se ve sujeta a todo tipo de transgresiones y cuestionamientos, sobre todo del lado de la joven, quien demanda atención a raudales para satisfacer su inseguridad. Las circunstancias los harán salir de su patria y emprender un errante camino por diversas capitales europeas mientras tratan de consolidar su tándem artístico. Pero llega un momento en el que la parte musical de la historia comienza a quedar postergada y surge más bien un simbolismo que justifica el devenir de ambos. ¿Es válido no querer ser parte de un proyecto político y buscar la realización personal?, ¿Fue el comunismo un camino real para Polonia? Preguntas que surgen entre líneas y que muestran a la pareja como unos apátridas cuyo sentimiento apolítico no puede sino ser entendido desde su metafórica fuga. Notable actuación de la Kulig.

 

FIRST MAN (EEUU) de Damien Chazelle: Aunque muchos se entusiasmaban en demasía con un nuevo trabajo de este director que sedujo al público con la sobrevalorada La La Land (2016), lo cierto es que a Chazelle le llega este encargo del productor Steven Spielberg, quien -evidentemente- explota la faceta mediática del cineasta (un nombre vendedor), que esta vez se ve contenido al no poder llevar al personaje de Neil Armstrong (Ryan Gosling) a los acostumbrados derroteros a los que suele con gran exageración conducir a sus personajes en pro del cumplimiento de un objetivo, siendo frenado esta vez por aspectos de la verdad histórica. Así, el perfil del astronauta en su afán por llegar a la esperada misión a la Luna, no es sino una intención contenida. Armstrong empolla sus propias ideas mientras se muestra introspectivo, poco social, ensimismado y aburrido con un pasmoso hermetismo frente a su familia y compañeros, canibalizando la atención en un entorno en el que los secundarios no llegan a humanizarse por completo. Así, el ritmo de la película se vuelve cansino y aunque los momentos previos al alunizaje tienen buen nervio y un acompañamiento sonoro de primera, la sensación final de First Man es de ser un encargo que, si bien por sí mismo, no rebalsa de patriotismo, será reconocido y elevado así de cara a los Oscar 2019.

 

GIRL (Bel/Hol) de Lukas Dhont: Las temáticas LGTB son más disfrutables en el cine cuando su faceta activista no se impone frente a la cinematográfica para configurar un tratado de buenas intenciones. El director Lukas Dhont lo entendió así y tomó riesgos que superó con maestría en su ópera prima. Así, el proceso por el cual un joven transexual pasa a encarnar a su alter ego femenino llamado Lara (gran caracterización del bailarín Víctor Polster), trae consigo una lectura en la que la espontaneidad y la aceptación de familiares y amigos se impone, pero en la que los conflictos a pesar de vivir en una sociedad de mente abierta tampoco pueden ser evitados. El detonante se da cuando ya la operación de cambio de sexo está planificada, pero esperando dicho momento, Lara se empeña en ser una bailarina de ballet tardíamente, siendo tan sacrificado camino la razón que irá minando su propia confianza hasta llevarla a una salida radical. Drama de una crudeza que no deja de ser chocante, también trae consigo un mensaje que fluye con naturalidad y sin imposiciones.

 

THE SISTERS BROTHERS (Fra/Bel/Rum/Esp) de Jacques Audiard: Lograda incursión en el western de este cineasta francés recordado por Un profeta (2009), que fue nominada al Oscar a mejor película extranjera en 2010. Charlie (Joaquin Phoenix) y Eli (John C. Reilly) son los hermanos Sisters, dos sicarios del viejo Oeste con un proceder bastante básico y un sentido de la crueldad que queda más que claro desde la primera escena. Pero un encargo de su patrón llamado El Comodoro, los pondrá tras la pista de un hombre que -al parecer- posee un portentoso secreto. Así, mientras la historia entremezcla la espontánea vocación de ambos por los balazos, comienzan a surgir rasgos que revelan un humanismo perdido en ellos (y en diferente medida) que los conciliará con su lado no violento. Con un humor negro que sale a flor de piel, The Sisters Brothers reivindica al género desde una mirada nada amable y sin pretender justificar el salvaje proceder de sus protagonistas, que desde su primitiva condición no parecen perdidos para el mundo.

 

EL ÁNGEL (Arg/Esp) de Luis Ortega: Luego de El Clan (2015) de Pablo Trapero, parece que la fórmula de llevar a la pantalla grande casos criminales reales, dan buen redito de cara a la taquilla y a la vocación festivalera de muchos de esos filmes, a pesar de ostentar una falsa condición artística y si mucho oportunismo. En el caso presente, el biopic del joven asesino setentero Carlos Robledo Puch y su siniestro devenir, parece motivar un aliento de comedia negra con pésimo sentido del humor, aprovechando la faceta criminal del individuo para utilizar una puesta en escena que a partir de planos detalle y golpes de efecto, más que conmover busca la risa fácil del espectador con cada “hazaña” de su protagonista, siendo el resultado una olvidable película que en el cálculo de su productor, la supone redituable desde la polémica y hasta vendible como un valor artístico. Lo cierto es que El Ángel sucumbe en su intención de abordar un registro socarrón que se queda a medio camino entre la cacha y un caricaturesco lado testimonial.




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