CLIMAX

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CLIMAX

Cuando decides hacer un viaje con alguna droga, hay que tomar en cuenta tu estado emocional, quizás esto sea un buen consejo porque de ello depende si tienes un buen viaje o uno terrible. Con ellas llegas a un estado climático, de el éxtasis más alto, al CLIMAX y a partir de ese momento te desprendes por completo, después llega lo que se le llama el bajón o la resolución, pero, ¿qué sucedería si ese clímax que te ha llevado a la cúspide parece no acabar y en lugar de provocarte el máximo de los placeres se vuelve el más repulsivo de los infiernos? Gaspar Noé retrata en éste, su quinto largometraje, una situación, muy a su estilo, de un viaje ácido que parece no acabar jamás y volver locos, no sólo a los protagonistas, sino al mismo público. Con largos y brutales planos secuencias, Noé nos adentra a una gran fiesta de baile, perfectamente coreografiada y con un soundtrack noventero de la época dónde los “raves” eran la onda o lo más cool, cómo se denominaba en esa época. Gaspar Noé nos ataca, como espectadores con un maravilloso repertorio musical del que se desprende una secuencia fenomenal coreografiada con la canción “Supernature” interpretada por Cerrone que es la puerta de entrada a lo que irá desatando la historia. Pero la banda sonora aparte nos ofrece unas rolas formidables como “Pump up the volume” (MARRS) , “Voices” (Neon), “Rolling & Scraching” (Daft Punk), la delirante y larguísima “French Kiss” (Lil Luis) y algunas rolas clásicas como “Angie” de The Rollings Stones y “Born to be alive” de Patrick Hernandez, recordando esos “raves” que se hicieron tan populares por los años 90, que no acababan y las drogas eran parte esencial de aguantar despierto.

CLIMAX de Gaspar Noé

Pero volviendo a la cinta y saliendo de este viaje musical Noé crea una narración alucinante, llena de luz roja, parte de la bandera francesa, llena de lentejuelas y luces que por momentos la alucinas. Las luces estroboscópica, son parte de esa psicosis que el director sabe que le dará al público, alargando las situaciones a su máximo nivel, no sólo con los planos secuencias mencionados, sino juegos de cámara que dan vueltas y pone al mundo de cabeza, adentrándose en las entrañas y el sudor de los protagonistas que por momentos desaparecen y vuelven a escena enfrascados un su propio viaje que comparten con el espectador volviéndolos, de alguna forma, cómplice de sus deseos o sus infiernos.

Gaspar Noé nos lleva de un gran éxtasis a un mal viaje que parece no terminar, al hastío que nos provoca querer vomitar, soltar, desprenderse y por fin, despertar de ese mal viaje sin poder lograrlo, algo que además no tiene escape posible. Cabe destacar que la cinta está basada en un hecho real que sucedió en los años 90 y que es precisamente en esa etapa en la que la música electrónica, los raves y las drogas sintéticas estuvieron en su mayor auge, precisamente en el clímax de las tribus urbanas que buscaban escapar de una sociedad atascada de consumo y dónde las redes sociales aún no eran parte activa de la juventud de esa época.

El soundtrack alucinante

Gaspar Noé cumple su cometido con esta cinta, se convierte en el gurú, te da la sustancia activa, te sumerge en el éxtasis y te eleva… el problema es que no dejará que llegues a la resolución de ese CLIMAX. Tu sabes si aceptas el boleto de ida.

Por: JuanMac

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