Hombres de Negro: Internacional

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Por: Gonzalo «Sayo» Hurtado

La saga en torno al popular comic creado por Lowell Cunningham estrena su cuarto episodio, tratando de reiventarse en torno a nuevos y audaces personajes. Tarea nada sencilla si pensamos en lo lograda que fue la química entre la pareja anterior (Will Smith / Tommy Lee Jones).

De aquel hit que fue la primera entrega de Hombres de negro (1997), queda no solamente el recuerdo contante y sonante de los más de US$ 500 millones que consiguió cosechar mundialmente como ganancia. La aventura inaugural amalgamó la intriga y el espionaje con el mundo de la ciencia ficción anclada a la posibilidad que la vida extraterrestre mantiene un continuo intercambio con las agencias de inteligencia, algo latente en el inconsciente de la sociedad estadounidense desde el famoso incidente de Roswell en 1947, cuando, aparentemente, un platillo volador se estrelló en una granja en Nuevo México y el hecho fue motivo de más de una especulación.

La trama noventera fue amalgamada hábilmente por Barry Sonnenfeld, director amante de la comedia negra cimentada sobre una muchas veces exagerada parafernalia (con Wild Wild West de 1999, el fracaso fue sonoro), pero que en esta oportunidad tuvo excelentes resultados al ampararse en personalidades tan disímiles como el cantante y cómico Will Smith como el Agente Jay y el veterano Tommy Lee Jones como el impasible Agente Kay. Del combo actoral, la personalidad cínica y chacotera de Smith calzó a la perfección con el carácter formal de Lee Jones,que le aportó la presencia escénica suficiente para que la sociedad tuviera matices y contrastes convincentes en medio de sus increíbles aventuras, las que se alargaron en una trilogía por ese afan hollywoodense de estirar las buenas historias como un chicle (aunque la taquilla fue favorable a las secuelas de 2002 y 2012, la baja creativa fue evidente).

Tessa Thompson y Chris Hemsworth en MIB: International

En la aventura presente, la intención de invertir las personalidades en los prototipos raciales a partir de los resultados de Thor: Ragnarok (2017), haciendo que Thor (Chris Hemsworth) y Valkyrie (Tessa Thompson) muten en los personajes de los agentes H y M, respectivamente, trae como resultado que el rubio se convierta en algo más que la personalidad paródica de Smith, sino más bien en una suerte de James Bond exageradamente frívolo y narcisista. En el caso de su contraparte femenina, Thompson resulta ser la empeñosa y emprendedora mujer que quiere ganarse su lugar a través de un rol sumamente complicado para su género, pero al que llega con ingenio y perseverancia. Así, mientras por un lado tenemos a una novata que aspira a construir su propio camino, del otro lado está el experimentado que vive aburguesado en sus glorias pasadas. En dicho choque de personalidades se basa la dinámica de esta nueva entrega, donde la formalidad protocolar de los superiores O (Emma Thompson) y High T (Liam Neeson) será la alta valla a la que el nuevo dúo tendrá que llenar los ojos y, de paso, salvar al mundo.

Tessa Thompson y Chris Hemsworth en MIB: International

Evidentemente, el pensar en llenar los zapatos de un comediante como Will Smith puede sonar hasta escalofriante, dado que lo más cómico que tiene Hemsworth en su trayectoria es mostrarse como un Thor errático, gordo y beodo en su última etapa en Vengadores. Y es precisamente ese aspecto lo que resalta la insuficiencia de los carácteres actuales, aún cuando hay una buena química entre ambos actores, pero que no llega a los niveles de la pareja predecesora (no puede negarse que en ese afán, es Tessa Thompson quien sale mejor librada), además del agregado que ofrecía Smith como personalidad musical al cantar el tema principal del soundtrack de la primera entrega. El otro punto a tener en cuenta son los nudos de la historia. A pesar que las escenas de combate, en las que sale a relucir el disparatado arsenal que los agentes tienen a su disposición, son el mayor atractivo desde lo visual, la trama se ancla mucho en una idea de «falsa intriga» que es tributaria directa de las historias de espionaje, pero que en esta oportunidad apela a giros de tuerca caprichosos y antojadizos que terminan por exponer el precario andamiaje del guión, sacando del bolsillo las soluciones y explicaciones que han de resolver los conflictos generales, cuando no la «casualidad» de algún hecho sembrado desde la infancia de alguno de los personajes que funciona luego como llave maestra en el tiempo presente. La presencia de los multiescenarios internacionales donde se diversifica la historia tampoco se convierten en un elemento imponente, ya que lo que queda de ellos es la sensación de ser simples y decorativos telones de fondo y que, seamos honestos, son elementos comunes en más de una saga de aventuras.

Los protagonistas en la portada de Entertainment Weekly

Aunque el final es abierto, desde ya no podemos garantizar una nueva entrega de la franquicia. En todo caso, la taquilla será determinante para dicho propósito si tomamos en cuenta que la media de ganancia de los episodios anteriores bordeó entre los US$ 500 y 400 millones y el debut de esta última apenas llegó a los 30 millones en EE UU. Hollywood cae nuevamente en la tentación de estirar una buena primera historia hasta el hartazgo y la sensación final es de una película más de aventuras que toma la imagen de un éxito de antaño sin poder repetirlo.




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