«Aquí solo mis Chichuarotes truenan»

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Giovanni Gomez Tagle Flores / Aleph / Columna de Crítica Cinematográfica y Cinefilia Esquizofrénica.

Tras tres trabajos fílmicos que lo anteceden como director al ya célebre actor, productor y director de cine Gael García Bernal, llega con un largometraje de drama social titulado “Chicuarotes”, se manifiesta una mayor madurez después de “Déficit” su opera prima de ficción, posteriormente “8”, un trabajo fílmico de crítica social donde varios cineastas dan su visión personal de las necesidades de nuestro mundo moderno, continuo con “Lucio” que fue uno de los cortometrajes que fueron parte de la película “Revolución”, en donde compartió créditos de dirección en esta colección de cortos con su amigo charo lastra  Diego Luna y varios cineastas consagrados como Mariana Chenillo, Patricia Riggen, Rodrigo García, Rodrigo Bernal, Fernando Eimbcke, Carlos Reygadas, Gerardo Naranjo y Amat Escalante.

La presentación fuera de competencia en el festival de Cannes 2019 causa una muy buena aceptación entre el público y el jurado, en donde Alejandro González Iñárritu fungió como director del mismo y precisamente en el mismo lugar en donde alguna vez presentaron “Amores Perros”, llevándose el premio de la crítica en esa edición del festival. Y es que precisamente este producto dentro de todo el contexto de la escena internacional viene a consolidar a Gael Garcia Bernal como uno de los grandes talentos mexicanos que han trascendido en el cine internacional no solo como actor, sino ahora como realizador.

Y bueno ¿De que va Chicuarotes?

Chicuarotes es el gentilicio de los habitantes de San Gregorio Atlapulco en Xochimilco, una alcaldía de la ciudad de México, lugar en donde se desarrolla esta historia en “tierras fangosas” de narrativa y excelsos cliches de la sociedad moderna mexicana y en particular lo que conocemos como la “chilanguez” pero aca de barrios pobres padre. 

La historia gira en torno al Cagalera y su compa el Moloteco, pareja de jóvenes confundidos y desesperanzados por su cotidianidad en este lugar en donde las condiciones de vida para un “payasito de microbús” pues la neta es que si estan cabronas. Como por invocación se presenta el ya conocido por todos “sueño mexicano”, que es a diferencia del “sueño americano”, una promesa de vida en donde lo importante es conseguir dinero de alguna instancia gubernamental mientras te la vivas de huevon de lo lindo y más si es con una plaza sindical de la Comisión Federal de Electricidad, como buen aviador y vampiro del sistema que sueña el mexicano, pero todo favor concedido para conseguir una plaza así “cuesta” y pues al estar bien jodidos este par de payasitos, no ven otra opción que cometer un par de delitos para conseguir la pasta y es ahí donde viene a valer madre toda esta historia de ensueño para esta pareja de jóvenes con “ideales”. 

Aquí es donde ya podemos ver el coqueteo con la variedad de temas que aborda la película: de cajón la realidad social que puede vivir este segmento poblacional joven y la falta de oportunidades ante la vorágine que es la marginación social, otro gran pedo es la violencia familiar, temática explotada desde las telenovelas y la Rosa de Guadalupe, la homosexualidad y más bien la discriminación social y la homofobia presente en la hipócrita sociedad mexicana, el poder fastuoso de la mafia y los capos como príncipes contemporáneos para estos feudos purulentos, la corrupción evidentemente y ya para que decir algo si pareciera ser lastimosamente la problemática social que es parte ya de nosotros, casi como nuestro fenotipo, de ahí las situaciones morbosas de los linchamientos públicos y la tenacidad con la que son señalados pero al final mediatizados para darle un empujoncito al rating del noticiero nocturno, la amistad que pareciera ser el núcleo temático de todo este gran drama wagneriano y por supuesto el amarre emocional de todo el relato que es el amor juvenil y todos los sinsabores e ilusiones que se viven en un subtramas que van marcando el enredo de personajes y algunas situaciones que parecieran fortuitas y que comen mucho tiempo narrativo.

Desde la primer secuencia sabemos que esto será una comedia negra a la mexicana, pues entre la metida de dedo en la llaga de nuestra sociedad purulenta, esta siempre el coqueteo de la comedia, ese intercambio de risa sobre lamento, al parecer involuntario, pero en Chicuarotes se juega peligrosamente con el espejeo de nuestra sociedad actual y el entrecejo de sátira que hacemos para esquivar tal vez el dolor o simplemente la impotencia de poder tal vez también cambiar algo en esta inercia social. Demasiadas “bromas” de sketch al más puro humor de Telehit y áreas comunes que matizan y suavizan, pero también cansan dentro del drama presentado. 

Gael logra mantener la tensión hasta el desenlace y casi mantiene sus narices fuera del fango, al igual que lo estaban haciendo sus personajes en la historia, pretenciosa en temáticas cruzadas y con un extraño sentido fangoso de final abierto, deja un sentido de extravío en el discurso que se diluye y deja una intención pero no un golpe contundente en la historia de Cagalera, lo que es muy rescatable es que la historia del Cagalera y del Moloteco, cobra fuerza como metáfora del pueblo mismo de San Gregorio Atlapulco, todos se cagan por salir del fango en el que están, hasta los ajolotes viven mejor en cautiverio que en los canales de Xochimilco. 

¿Cuántos Chicuarotes verán este homenaje en pantalla grande? o pantalla chica, de a $10 varitos pa la banda. 




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