FESTIVAL DE LIMA 2019: PANORAMA GENERAL DE LA FICCIÓN

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POR: GONZALO «SAYO» HURTADO. ENVIADO ESPECIAL

La cita limeña empezó el viernes 9 y aquí les acercamos una mirada al grueso de las ficciones en competencia oficial.

SUEÑO FLORIANÓPOLIS (Arg/Bra) de Ana Katz: La directora argentina tiene una sólida reputación en el circuito festivalero gracias a su fijación por la disfuncionalidad (palabra que ella misma, detesta). Prueba de ello es la presencia de su última obra en Horizontes Latinos del Festival de San Sebastián el año pasado, en la última edición del Festival de Guadalajara y en el de Karlovy Vary en República Checa, donde cosechó dos premios. A pesar que la historia reitera en motivos ya conocidos de esta cineasta como lo es su mirada a sujetos/as con imperfecciones y torpezas subrayadas desde la propia cotidianeidad, su acercamiento a un grupo familiar con crisis conyugal y dos hijos jóvenes en viaje de vacaciones a la playa de Florianópolis, supone una mirada distante e introspectiva al desgaste matrimonial, al acercamiento al mundo de los hijos, a las ilusiones perdidas y al propio sentido de la vida. El manejo actoral resulta correcto y acertado, el ritmo narrativo pausado y sin exabruptos y la puesta en escena, sobria en general. La sensación final es agradable, aunque se trata de un título menor en la filmografía de la Katz, que fácilmente podría haber pasado a una sección paralela, ya que carece de fuerza dramática desde su propio registro para una competencia oficial.

BACURAU (Bra/Fra) de Kleber Mendonca Filho y Julianno Dornelles: Ya en El sonido alrededor (2012) y Aquarius (2016), Mendonca había dejado en claro su predilección por la intriga y el complot en entornos que delatan injusticia social desde el gamonalismo o las corporaciones, pero moviéndose siempre con sutileza y ojo de investigador. Del resultado de la dupla con su par Dornelles, esa mirada se ha complementado con una vocación por una puesta en escena irruptiva y violenta y con mucha fijación en los géneros, tanto en el western crepuscular, el thriller y hasta el gore, para darle una voz indignada a un alegato contra el fascismo, el neoliberalismo desbocado, la intolerancia y, en particular, contra figuras políticas claramente visibles como el presidente Jair Bolsonaro y su par norteamericano Donald Trump. La crónica de un pueblo que busca ser minado por intereses oscuros y poner la tierra a disposición de empresarios y políticos corruptos, termina por invocar al pueblo en armas en una suerte de revolución de los nuevos tiempos. El resultado se percibe curioso y extravagante, pero no deja de sorprender el como se ironizan diversos clichés de género para dar consistencia a una reacción que muchos juzgarán subversiva, pero de una solidez y coherencia asombrosa.

MONOS (Col/Arg/Hol/Ale/Sue/Uru) de Alejandro Landes: Ha resultado ser la gran sorpresa del festival por ofrecer un punto de vista del conflicto interno en Colombia, pero con una vocación despolitizadora y una evidente intención de acercarse al devenir de un grupo de jóvenes guerrilleros aislados en el monte, teniendo como referencia principal a El señor de las moscas (1963) de Peter Brook. Así, somos testigos de como el clan va sufriendo una mutación que los aleja del propósito político de la guerrilla y se alinea con la busqueda del poder personal. El sentimiento tribal toma forma en los jóvenes, resultando los débiles el lastre que niega la condición natural de cazadores del resto. Aparte de la referencia principal, es evidente las citas a películas contemporáneas como Nocturama (2016) de Bertrand Bonello o Les garcons sauvages (2017) de Bertrand Mandico, o incluso, a momentos puntuales de Apocalipsis Ahora (1979) de Francis Ford Coppola para subrayar los desbocados sentimientos que explotan como un violento arrebato.

LA CAMARISTA (Mex) de Lila Avilés: Ganadora a Mejor Ópera Prima en el Festival de La Habana y en los Premios Ariel, además de ser elegida como Mejor Película Mexicana en el Festival de Morelia, esta obra se une a la ola de películas que buscan la reivindicación femenina con voces más potentes pero sin estridencia activista. El caso presente es una mirada sobria y natural al quehacer de una empleada de un lujoso hotel (una muy destacable Gabriela Cartol), cuyo sacrificio, entrega y empeño no encuentra correspondencia en un sistema en el que la inmovilidad social parece institucionalizada. Sin ánimo de ser esteticista ni pretenciosa, La Camarista es un acercamiento mucho más real a esta problemática social y desde su sencillez y su manejo de planos fijos con pacientes detalles de movimiento interno, deja claro que su directora es un talento a seguir.

NUESTRAS MADRES (Gua/Fra/Bel) de César Díaz: El trauma y dolor por los desaparecidos en Guatemala durante prácticamente 30 años de guerra civil, toman cuerpo en la sacrificada labor de un joven antropólogo forense (un muy convincente Armando Aspítia), quien en cada caso reportado en provincias distantes, ve una luz acerca de la desaparición de su propio padre, un antiguo militante guerrillero. Así, el vencer las marañas de la burocracia y sobrellevar los vaivenes de la política institucional, lo harán renovar su propósito con vehemencia, para llegar a la verdad de la manera más descarnada. Moviéndose en un terreno muy similar al de la película peruana NN (2014) de Héctor Gálvez, Nuestras madres guía su narración balanceando la realidad de miles de familias entre dos fuegos, pero también resaltando el alcance de la mirada idealista hacía un fenómeno minimizado por el tiempo y la indiferencia. Ganó la Cámara de Oro a Mejor Ópera Prima en el Festival de Cannes.

LOS TIBURONES (Uru/Arg/Esp) de Lucía Garibaldi: Curiosa visión del despertar sexual de una adolescente en una localidad costera, quien debe apoyar la poco abundante economía de su familia haciendo labores de peón. Entre el delirio y la realidad, la súbita aparición de escualos en el lugar no hace más que alimentar una fijación fálica que la aleja de su realidad inmediata, pero que se convertirá en bálsamo y dolor a la vez. La referencia a Tiburón (1975) de Steven Spielberg y al pueblito costero de Amityville, no podía ser más irónica, pero esta vez en lugar de tener la incomprendida labor del Comisario Brody, está Rosina (excelente Romina Betancur), empeñada en refugiarse en un simbolismo que la reivindique de su miserable entorno. Ganadora de múltiples premios en Sundance, Guadalajara y BAFICI.

Afiche de Los Tiburones (Uru) de Lucía Garibaldi

LA VIDA INVISIBLE DE EURÍDICE GUSMAO (Bra) de Karim Ainouz: Reivindicando el melodrama a través de la trágica separación de dos hermanas: Eurídice (Carol Duarte) y Guida (Julia Stockler) desde los años cuarente en Brasil, la historia se convierte en una suma de vicisitudes, casualidades e infortunios que grafican la fragilidad de los sueños, la necesidad de romper roles impuestos arbitrariamente por la sociedad y los entretelones que se desatan ante la incomprendida búsqueda de la libertad y realización femenina. Lo que podría ser una suma de clichés da paso más bien a una mirada moderna desde un género mirado con desprecio por su tradicionalidad. Es ahí donde la apuesta del director sobresale por su mirada innovadora, siendo un natural fresco de la condición humana desde una visión idílica de la juventud y de una inevitable decadencia en la vejez, pero que sometida a las reglas del género encuentra su propio y lógico camino. Ganadora de Una cierta mirada en el Festival de Cannes.




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