El joven Ahmed

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Ahmed, un jovencito recién entrado en la adolescencia, que vive en la Bélgica actual sorteando la realidad «tolerante» de Europea. ¿Por qué tolerante?, porque Ahmed es un fundamentalista en ciernes puramente asistido por el imán de su congregación, quien ha hecho sus propias interpretaciones del Corán encaminando su odio hacia los «infieles» que quieren la desaparición de lo musulmán.

Las abluciones constantes, el rezo puntual con alfombra mirando hacia la Meca y el malentendido desprecio hacia las mujeres; son el eje rector de la vida de Ahmed, quien está convencido de que el sacrificio de una infiel es una forma de ser un buen musulmán.

La oportunidad se presentará en la persona de su maestra, quien mantiene el respeto a la doctrina, pero siempre tirando hacia la modernidad.

En la que viene a ser una de sus grandes obras, los consentidos del Festival de Cannes, Jean Pierre y Luc Dardenne dan, siempre fieles a su estilo, un pulcro y puntual montaje sobre la realidad árabe en Bélgica y la lucha de un jovencito por encajar su desmesurado fanatismo.

Como ha sucedido en sus obras anteriores, los Dardenne retoman un momento determinante en la vida de sus personajes —la mujer en crisis que tiene un fin de semana para convencer a sus compañeros de que la apoyen para que no la echen de su trabajo, los padres juveniles que quieren deshacerse de su bebé, un niño en bicicleta que se ve inmiscuido en un crimen—, en in momento que afectará a todos los que los rodean y le cambiará la vida al personaje principal.

Pero, más allá del mundo del personaje, los Dardenne hacen un fiel retrato del entorno social que lo condiciona o afecta, en el caso de Ahmed, quien vive en una pretendida sociedad liberal, resulta marginado y señalado como intolerante, situación que al chico le afecta, incluso cuestiona el proceder de su made, el vestir de su hermana mayor y, desde luego, que su maestra quiera hacer de sus alumnos árabes personas adaptadas a la Europa moderna.

Así, Ahmed representa al «lobo solitario» que actúa por su cuenta y lleva, hasta sus últimas consecuencias, el fundamentalismo incubado por el inmán que lo lanza a una yihad no oficial, sin importar las consecuencias.




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