Sin tiempo para morir

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En una época en la que los hombres, después de haber tenido su oportunidad, son echados a un lado, alabar la película de un tipo mujeriego, alcohólico, violento puede representar ir en contra de lo que la sociedad actual  parece necesitar. Atrás se han quedado esos tiempos en los que no era mal visto que un hombre reconociera su gusto por un personaje con las características antes mencionadas. No obstante, el espía británico creado a la mitad del siglo pasado por el periodista y militar Ian Fleming todavía puede trascender los cotos sociales de la época actual; incluso hay mujeres que admiran al 007, no sólo por su masculinidad, sino, también, por su elegancia, por su caballerosidad y, aunque sus orígenes no hayan sido de alcurnia, su desempeño en una capa social en la que el éxito económico es determinante para transitar por ella.

Desde hace ya varios años, la llegada de James Bond a la pantalla grande no ha sido fluida, los cambios de casa productora han sido determinantes en el éxito o fracaso de películas que no pueden ser medianas. Fue la aparición del agente estadounidense creado por Robert Ludlum, Jason Bourne, el golpe de realidad que los productores de las cintas Bond requerían para dejar de hacer películas con un caricaturesco personaje; el 007 debía sufrir emocionalmente, estar enfermo de la presión arterial y de alcoholismo, tener una rodilla lastimada que nunca iba a sanar: ser verosímil.

Con ese sustento y aunque muchos fanáticos se opusieron, siempre estuvo justificada la presencia de Daniel Craig como el Bond que se lastimaba. Craig ya había causado buenas impresiones, sobre todo en su protagónico en Nada es lo que parece (Vaughn, 2004), por lo que se entendía la elección del actor nacido en Chester.

Han sido cinco películas suficientes para darse cuenta que el camino fue bien asfaltado: en Sin tiempo para morir (Fukunaga, 2021), Bond se acompaña de personajes femeninos poderosos —la habanera Ana de Armas está insuperable; al igual que la agente 00, personificada por Lashana Lynch—, no tanto con el afán de cubrir una ya superada cuota, sino para ser simplemente congruentes con los tiempos actuales. Sin tiempo para morir tiene infinidad de respetuosos guiños al Bond clásico, el del insuperable Sean Connery: con el Aston Martin lleno de trucos para las persecuciones, los relojes con infinidad de adminículos salvadores, los malos con pésima puntería, el inevitable whiskey en tiempos de crisis y el emotivo momento, sólo para fanáticos de cepa, con la bella canción «We Have all the Time in the World», cantada por Louis Armstrong desde Al servicio secreto de Su Majestad (R. Hunt, 1969).

Han pasado casi 60 años desde que James Bond hiciera su aparición en la pantalla grande. Desde aquel entonces, Sean Connery puso muy alta una vara al desarrollar a un personaje icónico y universal. Sin temor a la equivocación, ya se puede asegurar que, aunque Daniel Craig transitó un camino ya andado —sobre todo por el propio Connery y por Roger Moore—, ha cumplido sobrepasando las expectativas y le ha dejado, en su estilo, otra vara muy alta al que vendrá detrás de él, pues como reza la frase al final de los créditos:«James Bond regresará».

No Time to Die

Daniel Craig, Léa Seydoux, Rami Malek

2h 43

Manuel Almazán

@cine.movible