Una protesta no convencional, análisis de Titane, de Julia Ducournau

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Advertencia: Esta es una reseña y análisis para quienes ya vieron la película o no les afectan los spoilers.

Titane, de Julia Ducournau, es una película que no puede pasar inadvertida, no solo por su ingenio y la carga de violencia perturbadora, sino por su inteligente planteamiento de temas como la objetualización de la mujer, la represión del erotismo y emociones en la masculinidad —impuesta por la sociedad—, así como la paternidad ausente.

    

Debido a un accidente automovilístico en su infancia y al implante de titanio colocado en su cráneo como producto del accidente, la protagonista, Alexia, desarrolla una relación íntima y fetichista con los coches y piezas de metal. Mientras que con las personas tiene una actitud áspera y nada empática. Luego del título, la película arranca con un exquisito plano secuencia cargado de referencias cinematográficas que nos sumerge en el universo de autos, sensualidad femenina y rudeza en el que vive el personaje, recordándonos a Crash: Extraños placeres (Cronenberg, 2004). Cabe destacar que la primera frase dicha en este contexto es «Se mira, pero no se toca» y con ello la directora propone una regla utópica que, al ser transgredida, pone el mundo de cabeza desencadenando la violencia vengadora que degenera en gore irracional. Critica a una sociedad antierótica en su cotidiano, donde si la mujer expresa libertad y placer es objetualizada y del mismo modo los varones tienen límites definidos que no deben transgredir para defender su hombría. El inicio hace pensar en el empoderamiento de la mujer al tomar control de su erotismo; sin embargo, posteriormente la protagonista tiene que vendarse, autocensurarse, limitarse para poder integrarse. Con los muchachos del autobús parecería evidenciarse una repugnancia que siente la directora por el machismo que objetualiza a la mujer, viéndola como un agujero. Mientras se expone también el acorralamiento al que es sujeto el rol masculino, prohibido de liberar su erotismo a menos que esté enfocado en una mujer. El baile erótico tiene sus formas y sus espacios aceptados. La película nos devela a todos como víctimas de estereotipos de género. Vincent, el personaje coprotagónico, interpretado por Vincent Lindon, que acoge a Alexia imaginando que es su hijo desaparecido, no acepta la degradación natural del cuerpo, manteniendo, a como de lugar, sus músculos por ser símbolos de virilidad y jerarquía. Pero a diferencia de lo socialmente aceptado, llora ante su «hijo», baila y muestra su afecto de forma sensible. Son personajes extremadamente complementarios, que llenan los vacíos el uno del otro: ella provoca un incendio y él se dedica a apagarlos. La deshumanización de ella como asesina serial versus el amor ciego que tiene él por ella, autoconvenciéndose de que es su hijo desaparecido.  Ella está resentida con la figura paterna, mientras él busca un hijo porque anhela continuar con su rol de padre y lo logra gracias a que ella está embarazada; de forma casi sincrónica él quiere suicidarse, y ella quiere dar a luz. Ella vive con él todo lo que con su padre no pudo y viceversa, por ejemplo el sencillo acto de comer juntos, bailar e incluso salvar vidas. En un principio ella solo quería huir de la autoridad pero, sin saberlo, termina realizando un viaje al reencuentro de su humanidad, reinventada por su nueva capacidad empática gracias al contacto con Vincent, un ser vulnerable que se pone en sus manos y la defiende ante los demás. 

Hay un desfase trágico en esta relación: el ser humano aprende por medio del sufrimiento, pero aprende demasiado tarde. Esto se ve en dos ocasiones; ella se rapa como él habría querido y le dice papá cuando él ya no puede oírla, porque está aparentemente muerto. Y, a su vez, él le devuelve el beso cuando ella ya está muerta. 

La directora elige sus planos e iluminación no solo por estética, si no porque están cargados de significado. Hay dos planos antes de que Alexia dé a luz que me impactan. Primero está el gran plano general que nos muestra a la protagonista embarazada, desnuda y desvalida, cayendo al pasto, a la tierra, casi como una plegaria. Para luego, al ingresar a la casa, verse por última vez en un espejo de cuerpo entero y reconocerse vulnerable y valiente a la vez. Finalmente termina por despojarse de sus disfraces y devela su verdadero nombre para poder parir.

Quisiera fantasear que este bebé híbrido, a pesar de la censura figurada y literal en su gestación, logra absorber de la madre su crecimiento personal empático y llega al mundo para ser cuidado por un padre que sí estará presente (al contrario que las estadísticas) y que lo amará tal cual es. «Aquí estoy», repetido dos veces por Vincent, es una respuesta añorada por una sociedad humana huérfana, que no sabe a ciencia cierta el origen de su procedencia.

Entre otros símbolos, el recurrente uso de los espejos nos habla de una búsqueda de identidad, hasta lograr vernos y aceptarnos tal como somos. El auto es un símbolo de poder patriarcal; pero al mismo tiempo, el auto sobre el cual baila Alexia está en llamas. El fuego es destructor, pero también purificador y abrasador: termina simbolizando la transformación: «matar al padre» y renacer de las cenizas. El afiche promocional del disco News of the World, de Queen, que está pegado en el nuevo cuarto de Alexia, presenta un acongojado robot de metal con gente muerta en sus manos, como vaticinio de ella misma que pronto va a vivenciar la compasión. Y en su vientre sucederá la pugna entre la máquina y lo orgánico.

La película se enmarca entre los géneros sci-fi y gore, con rasgos de suspenso. Se ven dos fantasmas en la película que fortalecen el apego entre los personajes: el del niño muerto, probablemente hijo de Vincent, y el del bombero que había descubierto y amenazado a Alexia. La fantasía es bastante coherente; ella puede tener un hijo híbrido porque ya es prácticamente una cyborg. Lo que resulta un tanto inverosímil es que esta mujer mate casi sin esfuerzo a cuatro personas en una sola noche, siendo alguna de ellas bastante más grande que ella.

Con respecto a la música, la primera pista sonora de suspenso acompaña una escena de acoso contra la mujer; a lo largo de la película, este elemento reaparece para generar tensión y expectativa de más violencia. También hay un contraste perturbador entre los asesinatos y una música alegre, como en Kill Bill y otras películas de Tarantino. Las letras de las canciones reflejan el pensamiento y el sentir de los personajes: «Por qué siempre quieres irte?»; «He estado lejos demasiado tiempo. Esta no eres tú.» Mientras que cantos eclesiásticos y místicos enaltecen al auto en llamas y sus frutos. 

Las actuaciones son de lujo. La protagonista, Agathe Rousselle, presenta un personaje deliciosamente bien logrado que como actriz, definitivamente. me habría encantado interpretar.

Entendiendo que el feminismo persigue un cambio en las relaciones sociales que conduzca a la liberación de la mujer —y también del varón— a través de eliminar las jerarquías y desigualdades entre los sexos en los distintos ámbitos, esta película es en cierto modo una protesta feminista no convencional que busca la liberación de ambos géneros y está cargada de violencia desmesurada.

Muki Sabogal, actriz

www.mukisabogal.com




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